Top menu Spanish

Historia de Frank Buchman
QUIÉNES SOMOS
HISTORIA

Frank Buchman

Frank Buchman<br />

El Dr. Frank Buchman (1878-1961), nació en Pennsylvania (EE.UU.), región que fue poblada por inmigrantes de Alemania y Suiza. Después de sus estudios universitarios en Muhlenberg College cerca de Allentown, lo nombraron director de un hogar para muchachos abandonados. Su labor tenía éxito. Pero la junta directiva lo criticaba por gastar demasiado dinero. Un conflicto hizo a Buchman renunciar porque resentía esta injusticia; se sintió muy amargado al punto que esto afectó su salud.

Su médico le aconsejó hacer un viaje para olvidar esta experiencia. Pero, como dijo Buchman más tarde, ¡él se llevaba a sí mismo!

En el curso del viaje, permaneció un tiempo en Inglaterra donde asistió a una conferencia. En el culto del domingo se predicó sobre el Cristo crucificado.

Fue para Buchman como si una luz iluminara su vida. Vio lo que no había reconocido antes: que además de los seis hombres que odiaba de la junta directiva, había una séptima persona que se había equivocado: él mismo. Reconoció que su odio era un mal. Fue como si una piedra cayera de su corazón.

Ese mismo día escribió una carta similar a cada uno de los seis miembros del consejo, pidiendo perdón. Nunca recibió respuesta. Pero Buchman encontró una liberación interior que nunca antes había experimentado. Aprendió entonces que uno sí puede cambiar si está dispuesto a poner en orden su parte en un conflicto.

El mismo día Buchman descubrió también que el cambio era contagioso. Durante una caminata con un compañero, compartió lo que había experimentado, la claridad, al reconocer su error y poner en orden su lado en la contienda. El compañero, inspirado por la experiencia de Buchman, decidió escribir a su familia con la cual estaba en desacuerdo.

Laboratorio

Poco tiempo después, Frank Buchman fue invitado a trabajar en la Universidad de Penn State. Esta institución gozaba de una triste fama: los estudiantes tomaban mucho y estudiaban poco.

Fue allí que Buchman descubrió la importancia de actuar estratégicamente. Estaba sumamente ocupado sin lograr sus propósitos. Un colega vino a visitarlo. Él le aconsejó levantarse cada día un poco más temprano, antes de que el teléfono comenzara a timbrar, a fin de buscar en el silencio la voluntad del Señor. Cuando Buchman siguió este consejo, las cosas empezaron a cambiar. Le vinieron a la mente, en esos momentos en que escuchaba la voz interior, tres nombres: el de un profesor agnóstico, el de un estudiante muy idealista pero muy ineficaz y el de un hombre que vendía alcohol clandestinamente en la universidad.

Buchman se dedicó a ganarse la confianza y a tratar de cambiar a estas tres personas. Eso desencadenó un desarrollo extraordinario. El clima se transformó en toda la universidad.

Buchman definió más tarde esta experiencia como su “prueba de laboratorio”. Allí aprendió que la fe practicada no es cosa privada. Tiene una dimensión revolucionaria. Y que para lograrla se necesita una estrategia.

El mayor obstáculo

Un poco más tarde, Buchman fue invitado a China, un país que en aquel entonces experimentaba grandes disturbios. Alrededor de 1914 había 15.000 misioneros cristianos activos en el país, sin que se notara mucho su influencia. Buchman vio con sus propios ojos que esta aparente esterilidad espiritual provenía de la falta de practicar la fe que profesaban. “Sin principios morales absolutos la fe pierde su valor”, solía decir.

En esos años, Buchman conoció a Mahatma Gandhi en India, que por entonces se hallaba iniciando su “carrera” liberadora.

Mediante su amistad con este 'santo hindú' aprendió que gente de distintas religiones pueden y deben luchar hombro a hombro. Lo principal es que las acciones coincidan con las palabras.

La Primera Guerra Mundial perturbó y sacudió a la humanidad profundamente. Sin embargo, reinaba el idealismo.

Buchman fue invitado como observador a una conferencia de desarme en Washington. “El mayor obstáculo no son los problemas que están sobre la mesa; son los que están sentados alrededor de la mesa,” concluyó. Agregó además: “Si no hay una transformación masiva en la naturaleza humana, el mundo continuará su camino histórico hacia la violencia y la destrucción. Necesitamos la mayor revolución de todos los tiempos, a través de la cual la Cruz de Cristo cambiará el mundo.”

Impulsado por la experiencia, Buchman decidió renunciar a su cargo universitario, que era bien remunerado y le dejaba tiempo durante el verano para viajar. Se dedicó de tiempo completo a la lucha por un mundo nuevo. Sin ninguna seguridad financiera, sin salario, pero con un sentido de dirección de Dios y con fe, se lanzó por ese camino. Con el correr del tiempo conquistó a muchos que siguieron su ejemplo.

Así surgió el Grupo de Oxford y más tarde el Rearme Moral, hoy Iniciativas de Cambio.

Otro tipo de rearme

“Por favor, visite a mi sobrino cuando vaya a Cambridge”, le dijo un obispo en India a Buchman. El tío estaba muy preocupado por el muchacho.

Fue éste contacto puramente accidental que inició el trabajo de Frank Buchman en el mundo universitario de Inglaterra. Una generación desengañada por la guerra y por la destrucción de los ideales se convirtió en un terreno fértil.

Tantos jóvenes descubrieron en Cambridge y luego en Oxford la realidad de una vida con Dios, que el grupo “Oxford” se volvió muy conocido en Europa y otros continentes. En el verano, cuando los edificios universitarios quedaban vacíos, se organizaban conferencias internacionales. Varios equipos de estudiantes y luego de gente de todos los niveles sociales salieron de allí para dar testimonio de una nueva esperanza y una nueva vida.

Los años treinta fueron años de crisis y de amenaza de guerra, de “hombres fuertes” y de pueblos desorientados. Millones de desocupados deambulaban por las calles de las capitales de los países industrializados. En Alemania, el miedo a la amenaza proletaria preparó el camino para Adolf Hitler.

En Inglaterra, Frank Buchman logró conquistar la confianza de líderes de desocupados que organizaban las “Marchas del Hambre”.

En mayo de 1938, Buchman se encontraba por algunos días en la pequeña ciudad de Freudenstadt, en la Selva Negra de Alemania, un país que él conocía bien de su juventud, pero que desde entonces había cambiado terriblemente. El rearme militar estaba a la orden del día. Durante una caminata, meditando, le vino un pensamiento: “El mundo no necesita un rearme militar. El próximo paso en la historia será un rearme moral y espiritual.”

Era un pensamiento que en aquel entonces parecía imponerse. En 1937, escribió el Papa Pío XI en su encíclica Divini Redentori: “Nuestra época se caracteriza por el deseo universal y urgente de un armamento espiritual ¡Y con razón!”

Un mes más tarde, Buchman lanzó el programa de un Rearme Moral en una gran reunión en los barrios de trabajadores de Londres. Millares se involucraron en este programa.

Frank Buchman ha dejado tras él una huella que muchos han seguido y que ha tenido implicaciones mundiales.