Christina de Angelis

Christina De Angelis, Australia

Vivir y trabajar con el equipo de 'Acción por la Vida' le ha enseñado a Christina a escuchar esa 'suave voz interior' y a 'ser el cambio que quiere ver en el mundo'.

Muchos fueron los desafíos que recibí estando en Acción por la Vida, pero para mí el más grande fue tratar de hacer vida en mí las palabras de Gandhi: “Sean ustedes el cambio que desean ver en el mundo'. Este fue el lema de Acción por la Vida 2. Hacer vida estas palabras significa un proceso constante, a veces doloroso, de permitir que la sutil voz de Dios dentro de mí, me conduzca hacia la verdad referente a mí y a mis acciones.

Escuché las historias de cambio y de restitución que otros miembros del grupo tuvieron al enfrentarse ante los estándares de honradez, pureza, generosidad y amor absolutos y al hacer esto, esa voz dentro de mí empezó a hacerme preguntas que me incomodaban. ¿Era yo honesta en mi trabajo, pero absolutamente honesta? ¿Y todas esas veces que llegué tarde, me fui temprano, tomé largos períodos de almuerzo, reportando ese tiempo como tiempo trabajado? ¿Era exacta y precisa con el tiempo, o no me importaba poner 15 minutos extras aquí o allá, creyendo que eso estaba bien? ¿Y todo ese tiempo de trabajo que utilicé para enviar e-mails o haciendo llamadas personales desde el teléfono de la oficina? ¿Pero, y no todo el mundo hace lo mismo? Y a un nivel más profundo: ¿Qué decir sobre esas constantes inseguridades en mi vida? Y con respecto a mi familia, ¿Cuántas veces los culpé a ellos de mis problemas y les exigí pruebas de su amor hacia mí?

Al final permití que esa suave voz interna me hablara y me desafiara a verme a mí misma a la luz de la verdad, así como era yo realmente. Era mi orgullo el que me hacía hacerme de ojos ciegos ante la deshonestidad en mi propria vida, hacia mi falta de amor a mí misma y mi necesidad de pedir perdón a mi familia. Entonces me senté y escribí muchas cartas. Cartas de disculpas a mis patrones, con cheques para compensar lo que yo creía que debía a la compañía. No fue fácil. Yo necesitaba ese dinero. ¿Y qué pensarían ellos de mí? ¿Qué referencias podrían dar de mí mis patrones en el futuro? Escribí también a mi familia compartiendo honestamente quién era yo, pidiéndoles perdón y diciéndoles cuánto los amaba. Y escribí una carta para mí misma, para esa niña interna, herida, a quién traté siempre de ocultar.

Me di cuenta que nadie, ni siquiera Dios, podía darme ese amor que necesitaba tan desesperadamente. Y opté por empezar a amarme a mí misma. El proceso de humillarme fue muy extraño, aceptar la verdad sobre quién soy, confiando en que Dios me dio libertad y la capacidad de relajarme y confiar. Pero era algo que necesitaba hacer desesperadamente, sobre todo durante ese tiempo dedicado por completo a AFL.

Yo ya había oído hablar antes acerca de esa voz interior en el ambiente Cristiano donde me desenvolví. Pero la primera vez que conocí gente que de verdad dedicaba tiempo de silencio para escuchar esa voz y más aún, la primera vez que yo lo hacía diariamente, fue cuando conocí a gente de Iniciativas de Cambio y cuando estuve en Acción por la Vida. Escuchando esa sutil voz interior he recibido respuestas claras y directas para mi vida y he podido quitarme esa enorme carga al dejar de preocuparme por el futuro. ¿Que si sigo tomando deciciones incorrectas? Ahora sé que en caulquier momento yo puedo pedir y recibir la sabiduría y el amor de Dios y confiar en Él en mi vida diaria. Y no sólo para mí, también para los problemas del mundo.

Durante uno de mis momentos de silencio en un tren en el sur de la India, tuve una idea para uno de estos problemas del mundo; parecía una idea imposible, loca. Pero envié un correo electrónico a un amigo en Estados Unidos y le compartí esta idea, esperando que no pensara que me había vuelto loca y este amigo, quien se encontraba lejos, del otro lado del mundo, había tenido la misma idea que yo.

Esta nueva fe, en que Dios puede conducirnos y darnos respuestas a las montañas de problemas en nuestro mundo, es lo que necesitan los jóvenes que quieren utilizar su vida para encender una vela en el mundo, en vez de vivir sólo para sí mismos maldiciendo la oscuridad.