La Pureza, la Libertad y la Imaginación
Philip Boobbyer (Foto: Louise Jefferson)"Siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino".
(Ralph Waldo Emerson)
Según una encuesta reciente en Inglaterra, el adolescente promedio pasa 1 hora y 45 minutos a la semana en el Internet buscando pornografía. Sin duda alguna que la cifra de adultos haciendo lo mismo ha de ser enorme. ¿Tiene esto alguna importancia?
Hay voces que nos dicen que lo que hacemos en el mundo privado de nuestra imaginación no tiene ninguna importancia. El argumento que usan es que el limite entre lo privado y lo público está muy bien definido. Que lo que está en el pensamiento no tiene por qué tener ninguna repercusión en el exterior. Que caer en una tentación por aquí y en otra por ahí es algo perfectamente seguro, y que de todas formas, si es que nos permitimos ser indulgentes con nosotros mismos en privado, es posible mantenerlo en secreto y así nuestra reputación se conserva intacta. Y desde luego, que todo el mundo lo hace. ¿Cierto?
Todo esto es mentira, cómo lo indica la cita de Emerson. Los pensamientos se convierten fácilmente en acciones; no podía ser de otro modo ya que la naturaleza humana es un todo integrado, y lo que sucede con una de sus partes fácilmente repercute en otra. Y más allá todavía, una imaginación corrompida, pervierte nuestro pensamiento y daña nuestras relaciones.
Que no nos quepa ninguna duda, la mayoría de las personas hemos experimentado la dinámica a través de la cual la tentación conduce al pecado. Agustín lo describía así - "Un pensamiento, una imagen, una fascinación, una caída." - ¿Será posible detener este proceso antes de que llegue a su fin? ¿Cómo oponer resistencia a la avalancha de imágenes impuras sobre nuestra imaginación?
Los maestros espirituales han sostenido consistentemente que hay que alejarse de la tentación; que hay que huir de ella, en lugar de combatirla directamente. Jeremy Taylor (1613 – 1667), escritor Anglicano, aconseja en su libro Vivir Santamente, "Cuando seas asaltado por una tentación de lujuria, no la resistas con argumentos, ni le discutas acerca de su propuesta y de los peligros que encierra, sino que huye de ella, es decir, deja de pensar en ella y no le tengas ninguna consideración".
Escribiendo en este mismo sentido, Henry Drummond (1851–1897), escritor y científico escocés, en su libro Una Palabra al Hombre que ha Caído, hacía énfasis en que los intereses egoístas y las pasiones insanas pierden su fuerza y se evaporan cuando no son expresadas. También escribió diciendo que el hombre no se contenta con vivir negativamente. Que necesita rodearse de "cosas hermosas", tener "recuerdos santos" y buscar "altos ideales".
Yo fui profundamente influenciado por un médico canadiense, el Dr. Paul Campbell, quien decía que cuando nos viéramos frente a una tentación debíamos buscar la fortaleza de Dios en lugar de apoyarnos en la nuestra, rezando con frases cómo esta: "Señor, gracias por la tentación que estoy enfrentando, porque eso quiere decir que tengo que recurrir a Ti. No puedo enfrentarla con mis propias fuerzas. Así que ven por favor y véncela con Tu poder."
No faltará quien nos diga que esto conduce a la represión, que poner los deseos no expresados simplemente a un lado nos daña psicológicamente. Con certeza se ha de pagar un precio cuando se ignoran los sentimientos y los anhelos saludables. Sin embargo aunque nuestros deseos sean buenos en sí mismos, siempre habrá un tiempo adecuado y otro inadecuado para expresarlos. Y si vamos todavía más lejos, sencillamente hay deseos que bajo ningún aspecto pueden considerarse buenos. Los deseos que no son canalizados por la disciplina, terminan fácilmente convirtiéndose en amos y acaban dominando nuestra vida. Y esto no es solamente un problema personal, porque cuando las adicciones y la inmoralidad se propagan, la sociedad misma queda afectada.
La realidad es, que dentro de nuestra mente hay muchos deseos compitiendo por apropiarse de nuestra atención, y que tenemos una capacidad mucho más grande de lo que creemos para controlarlos y escoger a cuáles vamos a favorecer. Los sentimientos vienen y van, y no todos tienen que ser satisfechos. En su libro Renovación del Corazón(2002), el filósofo norteamericano, Dallas Willard, escribió que la gente de hoy a menudo no sabe distinguir entre sus sentimientos y su voluntad y que es muy común que en su confusión tomen sus sentimientos por sus razones y añade, "Pero hay un orden dentro de los sentimientos y cuando, con la ayuda de la guía Divina, cultivamos los que deben tener más fuerza en nuestras vidas, como son todos aquellos asociados con el amor, el gozo y la paz, nuestra vida interior comienza a caminar por la vía correcta".
No olvidemos entonces la liberación que se siente cuando no dejamos que nuestras tentaciones nos venzan. Esta es una clave para descubrir la libertad espiritual interior, que tan a menudo añoramos. Entonces nuestra imaginación tendrá la energía necesaria para poder descansar en lo que es verdadero, bueno y hermoso. Así podremos poner a Dios cómo centro de nuestra atención, lo que a su vez traerá la paz al corazón, cómo lo explicó el profeta Isaías. 26,3 – "Él guardará en perfecta paz a aquel que mantenga su imaginación puesta en Él."
Philip Boobbyer
Facultad de Historia
Universidad de Kent, Inglaterra.
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