El liderazgo humanitario puede mejorar las relaciones entre Australianos e Indios

Mike BrownMike BrownMike Brown, escritor/capacitador australiano, ha permanecido 14 años en India, mayormente involucrado en programas de formación de IdeC en Asia Plateau,el centro de IdeC al sur de Bombay. Por más de dos décadas, ha estado involucrado también en el movimiento de reconciliación en su país, así como en diálogos raciales en los EEUU. Actualmente trabaja con el equipo de comunicaciones de IdeC Internacional y el programa de liderazgo Action for Life.

Cuando Nitin Garg entró tambaleándose a un café de comida rápida en donde trabajaba, colapsó por heridas de arma blanca y murió unas pocas horas más tarde, una tormenta se desató en los medios de comunicación de la India acerca de los continuos ‘ataques racistas’ contra los 75,000 Indios que estudian en Australia.

El gobierno australiano ha respondido rápidamente al creciente número de ataques a lo largo del año pasado. Alarmados ante el impacto en la reputación de Australia como proveedora de educación de calidad, con unos 90,000 indios que contribuyen con una gran tajada de los 15 mil millones de dólares australianos ganados a través de la industria de educación ‘de exportación’, una serie de políticos (incluyendo al Vice Primer Ministro) y jefes de universidades han viajado a la India, asegurándole a familiares y gobernantes que la seguridad está siendo intensificada y que Australia es una sociedad segura y tolerante en dónde estudiar. Los medios de comunicación indios han sido patrocinados en visitas realizadas para conocer a líderes comunitarios y estudiantiles. A pesar de esto, las inscripciones para el siguiente año se han desplomado en 45% para estudiantes indios y 20% para estudiantes de otras nacionalidades.

Como un australiano que ha vivido por 14 años en India apoyando a indios en sus esfuerzos hacia el cambio social, y habiendo también trabajado por dos décadas para cambiar prejuicios profundamente arraigados en Australia, debo decir de frente que lo lamento y me avergüenzo profundamente.

Pero no soy el único. Los residentes del suburbio en donde murió Garg, realizaron una vigilia a la luz de las velas para asegurar a sus vecinos indios que son valorados y protegidos. En la temporada de Navidad, los estudiantes de la India fueron recibidos en hogares australianos. Un representante de la Alta Comisión Australiana en Delhi asistió al funeral de Garg en Punjab para expresarle su pésame a la familia. Editorialistas y líderes comunitarios han condenado directamente los brutales ataques. Hace seis meses, los presidentes estudiantiles de cuatro universidades de Melbourne firmaron una declaración conjunta diciendo que estaban “extremadamente avergonzados por las actitudes y acciones negativas que subyacen a estos (ataques)” y se comprometieron “a actuar decisivamente con el fin de construir una comunidad más genuina y segura, reconociendo que un cambio de actitud hacia quienes son diferentes… puede ayudar a transformar la situación”. (Ver enlace al final de esta página)

La cuestión crítica es si los ataques tienen, en efecto, una motivación racial o son simplemente producto de la violencia común fortuita. Según oficiales de la Policía, en casi todos los casos, no hay evidencia de motivaciones raciales. Un Ministro del Gabinete, inútilmente declaró que las estadísticas muestran que el riesgo que los indios corren aquí, no es mayor al que corren en Bombay o Delhi. Los indios residentes a largo plazo en Australia (de los cuales hay muchos) son de lo más expresivos, al defender las sociedades multiculturales en las que viven. Un comerciante Bengalí en Adelaida me dijo esta semana que, aunque han ocurrido muchos asaltos y robos cerca de él, él particularmente nunca había sido insultado ni atacado en 20 años. Entonces, ¿qué es lo que está pasando?

Una posible explicación es que las normativas migratorias han sido suavizadas, permitiendo a estudiantes extranjeros obtener estatus como residentes al ser admitidos en algunas instituciones de capacitación, por ejemplo en la industria hospitalaria, para cubrir la escasez de mano de obra de Australia. De esta cuenta, ha habido un súbito aumento en la cantidad de familias Indias de clase media que envían a sus hijos a Australia – frecuentemente haciendo préstamos de fuertes sumas de dinero –, con la esperanza de que sus familias les acompañen posteriormente. En los casos típicos trabajan en restaurantes, a menudo hasta tarde por la noche y regresan a dormir en suburbios de nivel socioeconómico bajo, lo que los hace blanco fácil para la criminalidad y la violencia en los alrededores de estaciones de tren, donde han ocurrido la mayoría de los ataques.

Pero que los oficiales y la policía nieguen continuamente que sea en parte el racismo lo que motiva los ataques es fríamente defensivo. En los años cincuenta, mis padres – por sus convicciones humanitarias – ayudaron a fundar una “Asociación Australiana-Asiática”. Yo crecí en medio de platos de curry indio, preparados por mi madre para estudiantes asiáticos y varios diplomáticos. Algunos de los estudiantes asiáticos del ‘Colombo Plan’ que se hospedaron en nuestra casa, son ahora líderes profesionales en sus propios países. Aún así, sin duda, ellos experimentaron prejuicios raciales durante ese tiempo. Nuestra historia está tristemente atascada por la discriminatoria Política de la Australia Blanca, fundada justo al nacer nuestra nación para excluir a los chinos inmigrantes. No fue sino hasta los años sesenta que fue eliminada de la ley y reemplazada por políticas proactivas multiculturales.

Sin embargo, las leyes por sí solas no cambian corazones ni actitudes. A pesar de la disculpa del Primer Ministro al pueblo Aborigen, y los enormes gastos en programas dirigidos a mejorar su situación de desventaja, sabemos que el prejuicio y las injusticias persisten. Sin embargo, el liderazgo puede ser sanador – o todo lo opuesto. Mucho del debate político alrededor de los extranjeros en busca de asilo, se basa en el miedo por prejuicio, pero a su vez lo promueve. En el punto más alto de la controversia sobre el trato para los estudiantes indios, los documentos oficiales emitidos por el gobierno del Primer Ministro Malcolm Fraser, muestran cómo su liderazgo desafió investigaciones que advertían que la invasión de “barqueros” camboyanos y vietnamitas causaría tensiones comunitarias. Pero con un acuerdo bipartidista, Australia abrió los brazos a más refugiados indo-chinos per cápita que cualquier otra nación. Miles de australianos respaldaron la política compasiva de su gobierno al ayudarles a establecerse dentro de sus comunidades.

Pero ahora, que se acostumbra que las fuerzas australianas en traje antimotines rechacen a los barqueros actuales de Sri Lanka y Afganistán, y los políticos capitalizan “el resguardo de las fronteras nacionales” por la fuerza si es necesario, ¿no podría ser que el ejemplo anime a pandillas juveniles callejeras a poner sus botas sobre algunos desafortunados estudiantes de piel oscura que regresan a medianoche, luego de trabajar en un café o en una estación de servicio? Estas pandillas son presas fáciles, con la excusa de la misma cruda mentalidad de “querer poseer Australia para nosotros mismos”.

El tipo de liderazgo humanitario que necesitamos fue demostrado por la misma familia de Nitin Garg. Al hablar en su funeral, uno de sus familiares dijo que los indios y los australianos deben vivir en armonía: “Más que hacerles un llamado, les ruego que vivan con amor. Como hermanos, como hermanas y como todos. Como una familia.”

En mi caso, voy a seguir su ejemplo.

NOTA: Individuos de varias culturas, nacionalidades, religiones y credos, están activamente involucrados con Iniciativas de Cambio. Estos editoriales representan los puntos de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio como movimiento.

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