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Eliézer Cifuentes
03 Abril 2007
Guatemalteco residente en Costa Rica.
El enfrentarse al profundo odio y rencor que guardaba hacia sus agresores fue el primer paso para cambiar su vida. El perdón lo hizo un hombre libre y feliz.
Corría el año 1985, asume la presidencia de Costa Rica una persona que conoció Iniciativas de Cambio y organiza una conferencia internacional. Este servidor asiste y le parece importante lo que se mencionó en relación al cambio de una persona. Me impresionó escuchar que el cambio era efecto de un espíritu superior al humano, eso ya lo había oído, pero en mi iglesia, a la que he asistido por años.
Debo decir que estaba en Costa Rica siendo Guatemalteco, porque en 1980 me había asilado en este país, le conté a mi esposa sobre esta conferencia, pero no le gustó la idea de estar en “otro grupo” pues estaba cansada de mi vida de político, cooperativista, sindicalista, etc. Sin embargo yo sí estuve muy interesado y asistí.
En uno de los días del evento, quizá ya terminando, Laurie Vogel, de quien guardo gran cariño y toda mi familia lo tiene en alta estima, me invitó a desayunar a un hotel en donde estaba hospedado. Luego de platicar sobre el por qué me había asilado, le relaté lo que realmente había sido mi vida, que había sido objeto de un atentado por parte de las fuerzas de seguridad de mi país, a quienes odiaba profundamente. En fin, que tenía cinco hijos y que asistía a una iglesia.
Le expresé que me había impresionado esta conferencia por varias razones; no era un grupo al que debería de entrar, pagar cuotas, membresía, ser miembro, etc. Sino que se busca el cambio personal, ese cambio que uno muchas veces quiere que otros tengan. También me impresionó la vivencia de ese cambio, porque muchas veces se dice o se predica lo que uno mismo no hace y no vive.
Luego con Laurie nos servirnos el desayuno, de pronto me hizo una pregunta. “¿Qué opinas del amor al prójimo?” Mi respuesta fue inmediata, lo practico y hasta lo predico, le dije. Me vio detenidamente como examinando mis palabras, o perforando con su mirada mi corazón y cerebro, tratando de descubrir si realmente así como lo expresaba, lo vivía. Tomó un sorbo de té negro, muy cargado, que acostumbra tomar cuando medita o está platicando, y luego de tragar muy despacio me dio una palmadita en la espalda y cariñosamente me dijo: “¿Y los Militares? Los que te querían matar. ¿Qué piensas de ellos? Porque quienes atentaron contra tu vida también son tu prójimo.
Esto me dejó como cuando en la oscuridad te alumbran de repente con un reflector muy potente, y me hizo meditar profundamente en el odio, en el rencor que yo tenía en contra de las fuerzas de seguridad de mi país, luego me explicó cómo ese odio y rencor lo trasmitía a mi esposa , a mis hijos y a quienes me rodeaban.
Fue en ese tiempo cuando revisé mi vida como cristiano y me sentí hipócrita en este aspecto, pero a partir de ese momento, se inició el cambio en mi vida, un cambio más profundo y, por supuesto, el hecho de ser cristiano me ayudó a comprender mejor ese hermoso mensaje del cambio personal.
Entendí que realmente Iniciativas de Cambio no era un club o un sindicato, o quizás un partido político, sino una puerta abierta desde cuyo marco, formado por los principios de Honestidad, Pureza, Solidaridad y Amor absolutos, podía verse el camino llano y hermoso por donde caminar, cambiar primero yo antes de pedir a otros que lo hagan.
La puerta estaba abierta pero la decisión era mía, y la tomé. Y jamás, jamás, me arrepiento de haberlo hecho, porque grandes y maravillosa cosas ha hecho Dios en mi vida, en la vida de mi esposa y en la de mis cinco hijos. Ahora soy el hombre más feliz del mundo, con una familia feliz, todos sin los rencores ni odios que de alguna manera nos enfermaban.
Por esta razón le puedo asegurar a usted y a su familia, que toda persona es susceptible al cambio y puede cambiar. El cambio SÍ es posible, pero no olvide que éste debe iniciarse en usted. Sin embargo, para lograrlo deberá tomar la decisión de hacerlo y estar convencido de que hay un espíritu superior al del hombre, que hace que ese cambio sea posible. Yo quiero decirle amigo o amiga que lee este testimonio y que realmente desea un cambio en su vida, inicie el tránsito saliendo por esa puerta y verá que no hay cosa más bella que el cambio personal, además se dará cuenta que éste es contagioso. Si cambia usted, cambia su familia y todos serán más felices. En mi caso así ha sido y tengo la certeza que ese espíritu superior que obró el cambio en mí, es el Espíritu Santo. Anímese y pase por esa puerta hacia algo mejor.
Costa Rica Centro América, 1 de Junio del 2005
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