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Ciencia contra Religión
Mike Lowe05 Junio 2007
Los occidentales tienden a pensar en términos dualistas. Ven el mundo en términos de blanco y negro, ellos y nosotros, religioso contra secular, científico contra irracional, tolerante contra intolerante.
Por alguna razón (tal vez algún filósofo me lo podría explicar) nosotros, los occidentales, tendemos a pensar en términos dualistas. Vemos el mundo en términos de blando y negro, ellos y nosotros. En la cultura política eres ya sea derecha o izquierda, progresista o conservador, mojado o seco. A esta lista algunas personas añadirían otras divisiones – religiosos contra secular, científico contra irracional, tolerante contra intolerante. A mi parecer, así es como ven el mundo autores antirreligiosos como Richard Dawkins y Christopher Hitchens, autores de The God Delusion (El Engaño de Dios) y God Is Not Great – The Case Against Religión (Dios no es grandioso – El Caso en Contra de la Religión).
Para estas personas y sus seguidores, la línea de batalla está trazada. De un lado están las fuerzas de la verdad, la ciencia, la racionalidad, y valores de la Era de la Ilustración como la tolerancia, los derechos humanos, la democracia y el progreso. Del otro lado están las fuerzas de la religión, que (según ellos) van mano a mano con la irracionalidad, la superstición, el fanatismo, la intolerancia, el autoritarismo y el estancamiento.
Es obvio que si buscas un enemigo con seguridad lo encontrarás. Hay muchas personas que encuentran un valor positivo en la religión – un sentido en su vida, una comunidad, consuelo, esperanza… la lista continúa. Algunos de ellos tienden a sentirse amenazados por la ciencia, cuando personas como Dawkins dicen que religión y ciencia no pueden reconciliarse, porque la teoría de la evolución hace que la Biblia sea un paquete de mentiras.
¿Cómo reaccionamos cuando nos sentimos amenazados? ¿Cómo reaccionamos cuando algunos nos dicen que ellos están en lo cierto y nosotros estamos equivocados? ¿Cómo reaccionamos cuando alguien ataca las ideas que más valoramos?
La mayoría de las personas reaccionan poniendo barrearas, poniéndose a la defensiva y contraatacando. Muchos libros escritos atacan la evolución y promueven una interpretación literal del relato bíblico sobre la creación en seis días. En Estado Unidos se está construyendo un museo de "creacionismo", explicando cómo los dinosaurios también fueron transportados en el Arca de Noé. Es difícil imaginar lo que esta hostilidad va a lograr, a parte de las ganancias para los escritores y editores de estos libros. ¿Cuántas personas irán a cambiar su mentalidad? Sospecho que en lugar de eso lo que pasará será que cada uno defenderá más duramente su posición y se cerrarán en ella.
Me parece que el problema real es si las personas pueden aceptar y aprender de la diferencia. La religión tiene un historial muy pobre aquí. Hace no mucho tiempo, en Europa, la gente era torturada y asesinada por tener diferentes credos. La Era de la Ilustración, y su énfasis en derechos humanos y en separar la religión de la política, fue en parte reacción a la esta era oscura de intolerancia religiosa. Pero pensar que el problema se resuelve desechando la religión es totalmente equivocado. Aquellos que piensan que la religión simplemente se desvanecerá ante la marcha triunfante de la ciencia, claramente no han entendido nada.
Así que para ayudar a aquellos científicos quienes se sienten frustrados por los irracionales creyentes religiosos, y para ayudar a aquellos creyentes quienes se sienten frustrados por los arrogantes y paganos científicos, ofrezco la siguiente fábula (que no es de autoría propia). Esta puede contener algunas lecciones para las personas que quieran cambiar aspectos que les desagradan del comportamiento de los otros.
Había una vez un rey que tenía un problema. Su único hijo, el príncipe, estaba convencido de que era un gallo y se pasaba los días arrastrándose en el piso, desnudo, picoteando las migajas del suelo y cacareando. Ni los médicos ni los psiquiatras podían hacer nada. Los magos lanzaron sus conjuros en vano. Trataron de hipnotizarlo pero no consiguieron nada. Los sacerdotes y los consejeros quedaban perplejos. Finalmente un viejo vendedor viajero escuchó sobre el apuro del rey y ofreció ayudarlo: "Su majestad, déme una semana a solas con el joven, nadie puede entrar, excepto a traernos agua y comida". Desesperado el rey, aceptó.
El viejo hombre entró en la habitación donde se encontraba el príncipe arrastrándose y cacareando. La primera cosa que hizo fue quitarse la ropa y ponerse junto al muchacho en el suelo. Luego de sorprenderse inicialmente, el príncipe estaba encantado pues se había sentido muy solo siendo el único gallo, y se divirtieron mucho viendo quién de los dos cacareaba más fuerte. Luego, después de un tiempo, el hombre se puso de pie. "¿Por qué te pones de pie?", preguntó el príncipe. "¡Los gallos no se paran!"
"Lo sé", dijo el hombre, "pero el piso está frío y me duele la espalda, así que si no te importa me voy a parar… pero eso no afecta el hecho de que yo todavía sea un gallo.”
El muchacho aceptó este argumento, y luego de un tiempo empezó a pensar que el piso en realidad estaba frío y que su espalda también le dolía un poco. Así que, con un poco de timidez, también se puso de pie.
Al día siguiente el hombre empezó por ponerse alguna ropa. "¿Por qué te estás vistiendo?", preguntó el príncipe. "¡Los gallos no usan ropa!"
"Lo sé", explicó el hombre, "pero hace frío y mi piel se está poniendo azul, así que si no te importa usaré algo de ropa… pero eso no afecta el hecho de que yo todavía sea un gallo."
El muchacho lo pensó por un momento, y entonces decidió que como él también sentía frío, en nada le molestaría ni le dolería usar ropa también.
Y así continuaron. Al final de la semana el muchacho llevaba puestas todas sus insignias de príncipe, estaba comiendo sentado a la mesa utilizando los mejor cubiertos y discutiendo asuntos de Estado. Antes de retirarse, el hombre dijo "Un consejo: Tú y yo sabemos lo que es ser gallo, pero allá afuera casi nadie lo sabe, por lo tanto, sería una buena idea no decírselo a nadie." El chico asintió con la cabeza y se convirtió en un monarca muy exitoso. Y nunca nadie supo que en realidad él era un gallo.
Me gusta esta fábula, porque muestra que cuando uno quiere cambiar a alguien, la primera cosa que debe hacer es mostrar empatía – tratando de ver el mundo a través de los ojos del otro. Entonces estaremos en posición de mostrarles mejores maneras de hacer las cosas. Lo que nunca debemos hacer es atacar directamente sus creencias básicas, las cuales forman parte del sentido de identidad de una persona.
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NOTA: Personas de diferentes culturas, nacionalidades, religiones y credos, están involucradas activamente con Iniciatias de Cambio. Estos comentarios representan el punto de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio en general.
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