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Corrupción: Tiempo de Actuar
Antoine Jaulmes08 Noviembre 2007
El capitalismo descarado es absolutamente incompatible con la dignidad y los derechos humanos.
Nosotros lamentamos mucho que la vida de dos billones de seres humanos esté siendo reducida a la extrema pobreza, sin absolutamente ninguna esperanza de mejorar. ¿Y si nosotros mismos fuéramos quienes provocan su miseria, si fuéramos nosotros los organizadores de este silencioso holocausto del tercer mundo?
Hace una generación y media, algunos de nuestros compatriotas ayudaron de manera activa a perpetrar el peor genocidio en Europa Occidental, mientras que la silenciosa mayoría simplemente no se dio por aludida. “Nosotros no sabíamos y de todas formas no había nada que pudiéramos hacer”, es la excusa más común. No fue tanto así en Dinamarca, donde toda la población exhibía la estrella amarilla, previniendo de manera muy efectiva que los alemanes identificaran y arrestaran a los judíos. O en el área alrededor del pueblo francés de Le Chambon-sur-Lignon, donde cientos de pobladores locales escondieron y salvaron a miles de judíos. Ellos actuaron bajo el liderazgo inspirado de su pastor, quien en efecto sabía lo que estaba sucediendo en Alemania, porque había puesto atención. Mucho pudo haberse sabido o haberse adivinado, y mucho se hubiera podido hacer.
Hoy en día, la corrupción se expone de manera compulsiva como la causa fundamental de la inestabilidad del mundo y la pobreza, pero todos tenemos la tendencia de no darnos por aludidos. En 2005, un libro titulado El Tendón de Aquiles del Capitalismo, fue publicado por Raymond W Baker, consultor del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS, por sus siglas en inglés) y de la Institución Brookings. Apoyándose en una amplísima documentación, demostró que la afluencia de dinero obtenido de actos de corrupción de parte de los países pobres hacia nuestros bancos del primer mundo, a través de paraísos fiscales, es diez veces la cantidad que se invierte en ayuda para el desarrollo. Decenas de jefes de estado, internacionalmente conocidos, han robado descaradamente billones de dólares, como Mobutu, quien solía sacar bolsas de dinero directamente de las bóvedas del banco central. O como Suharto quién desvió a sus cuentas personales incluso los fondos para la beneficencia. Algunas compañías también lo hicieron, por ejemplo Gazprom, quien llegó al punto de desviar el 100% de los pagos de algunos contratos de distribuidores de gas a unas cuentas de offshore, o como numerosas y enormes multinacionales de los Estados Unidos, las cuales no pagan absolutamente ningún impuesto corporativo, ni en EEUU ni en ninguna parte.
El año pasado, la jueza Eva Joly, quien exitosamente llevó el caso en contra de la compañía petrolera estatal francesa, Elf, en la cual miembros de la nomenclatura francesa fueron condenados por primera vez por malversación de fondos, publicó un best-seller en el cual nombra a algunos altos directivos de Elf que fueron condenados y los cuales aún gozan secretamente del dinero robado, parece que sus convicciones han sido olvidadas. Ella también cuestiona el papel de algunas compañías francesas en África.
Este año, Jean Merckaert y Antoine Dulin, quienes trabajan para CCFD, fundación católica de beneficencia en contra del hambre, publicó un reporte maldiciendo al "dinero mal habido: la fortuna de los dictadores y de la indulgencia occidental", enumerando las pertenencias que fueron compradas con dinero sucio y los nombres de sus propietarios. Basándose en su investigación, un grupo de organizaciones de beneficencia denunció el papel de los paraísos fiscales: "Estos hacen que la localización de los bienes robados se convierta en una tarea muy difícil, gracias al secreto bancario y a las corporaciones y fundaciones falsas, etc. que protegen al verdadero dueño. Eso fomenta el lavado de dinero robado. Permiten la transferencia rápida de fondos a lugares donde la justicia no tiene acceso… Sin embargo, los paraísos fiscales solamente existen gracias al acuerdo de los grandes mercados financieros internacionales. La mitad de estos offshores en el mundo están en los Estados Libres Asociados; el Estado de Delaware en los Estado Unidos puede definirse como un paraíso fiscal legal; Europa protege a Luxemburgo, Suiza y Lichtenstein, y Francia tolera a dos de los mayores centros de offshore en el mundo, Mónaco y Andorra."
Nosotros empezamos a sentir más aún el problema, cuando Raymond Baker identifica a los promotores de esta economía paralela. Sucede que son enormes compañías de los países que conforman el G8. En particular, tal es la competencia feroz de algunos grandes bancos, que estos están dispuestos a dar el servicio que se necesite para borrar el origen de cualquier tipo de fondos, tan pronto como estos caen en sus manos. Tanto en Europa como en Estados Unidos lucharon vehementemente para evitar nuevas reglas de responsabilidad cuando se llevaron a cabo esfuerzos por detener el dinero sucio para que fuera usado por terroristas internacionales, sin importar cuánto esto favorecía al crimen internacional.
De manera que, ¿qué porcentaje de nuestros ingresos nacionales utilizamos para el tráfico de drogas, la prostitución, el tráfico humano, el crimen organizado, la explotación de la miseria human, la transferencia de dinero de los más pobres hacia los más ricos? ¿Estamos dispuestos a vender nuestros principios y negociar con nuestra alma por obtener más riqueza? Si no es así, debemos luchar con más resolución en contra de la corrupción y las prácticas corruptas; esto incluye acciones específicas: poner límites al secreto bancario, a la impunidad judicial, a leyes que permitan manejar dinero obtenido a través de crímenes cometidos en el extranjero. Necesitamos obligar a las multinacionales a publicar sus reportes de impuestos en cada país donde operan. Los gobiernos, las instituciones internacionales, el Banco Mundial, las universidades y escuelas de negocios necesitan unir esfuerzos y tomar acciones.
Tal vez sea difícil de alcanzar. Las acciones unidas en la lucha contra la corrupción, muestran que la filosofía dominante en el mundo de los negocios aún se basa es sólo dos principios: que todo puede ser reducido a econometría y que todo lo que sirva para el crecimiento económico de la compañía es bueno, sin importar las consecuencias humanas y legales. Este capitalismo descarado es absolutamente incompatible con la dignidad y los derechos humanos, valores en los que se basan las leyes de las sociedades democráticas y – cuando sea aplicable – los credos religiosos. Es el mismo tipo de doble moral que trajo consigo el Nazismo y los campos de exterminio.
La pregunta es, esta vez ¿queremos actuar?
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NOTA: Personas de diferentes culturas, nacionalidades, religiones y credos, están involucradas activamente con Iniciatias de Cambio. Estos comentarios representan el punto de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio en general.
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