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REFLECTIONS
¿EL PLAN DE DIOS?
04 Julio 2005


(foto: Karen Elliott-Greisdorf)
'El cambio personal es muy importante, pero no será útil a menos que lo sazonemos con los siguientes elementos: Obediencia a la voz interna, colocarse a disposición del prójimo y confianza en el plan de Dios”.

Luis Puig, Río de Janeiro


Luis Puig
¿Alguna vez te has sentido desanimado? Con frecuencia me pasa, especialmente cuando las cosas no van como yo desearía. En esos casos doy inicio a una “operación tortuga”. Todo lo hago con lentitud (Me pregunto, ¿contra quién estoy protestando?). Luego mis colegas, mi trabajo y mi salud se resienten. Ya que soy propenso al escepticismo, cuando alguien dice que tal o cual cosa era “el plan de Dios”, suelo pensar “¡Coincidencia!”. Tarde o temprano el Todopoderoso me pone en mi lugar, siempre que yo preste atención, honestamente, a la voz interior.

A mediados de 1962 la obra teatral “El Cóndor” del Rearme Moral, hoy ‘Iniciativas de Cambio’, hacía una gira por toda Italia. Nos hallábamos cerca de Reggio, Calábria. El Dr. Ken Stuart, que estuvo en aquella área como médico con el ejército británico durante la Segunda Guerra mundial, me pidió que visitáramos Belvedere Marítima, una pequeña aldea junto al mar, a fin de invitar personas. Encontramos gente muy calurosa pero sin interés por asistir a nuestra presentación. Pensé que había sido una pérdida de tiempo y se lo dije a Ken. Él me respondió: “Apenas pensé que debías venir conmigo. ¡Dios debe tener un plan!”. Me sentí irritado y un dolor de cabeza fue la disculpa para apresurar nuestro regreso.

Veinte años después en Río de Janeiro, un grupo de choferes de taxi quería formar una cooperativa y acabar así una vieja historia de explotación y abandono de la gente. Le pidieron ayuda a un perito, quien concluyó que lo que más necesitaban era aprender a trabajar en equipo, aplicación práctica de la honradez y sobre cómo el cambio personal puede producir un espíritu de camaradería productiva. Fue arreglado un encuentro con un grupo de ‘Iniciativas de Cambio’. Entre los asistentes se hallaba Américo Martorelli. Este chofer no parecía interesado. Se quedó apenas por cortesía.

“¿De dónde es usted?”, le pregunté al final de la reunión a fin de iniciar una conversación. “Italia” – me respondió. “¡Ah! ¿Y donde nació?” le pregunté en italiano. Al escuchar su idioma se sorprendió y me dijo orgullosamente “Belvedere Marítima”. Continué hablándole en italiano “Eso queda en Calábria. Yo estuve allí”. Pensó que yo quería impresionarlo. “No lo creo – dijo – es un pueblo muy pequeño.” Le describí el mercado de los pescadores, la estación del ferrocarril, la municipalidad... Me puso atención. Comenzamos a hablar de la vida en general. La conversación entró en temas aún más profundos. Hablamos hasta tarde en un pequeño café y terminamos en la estación del ómnibus. Mi único pensamiento fue “Estar a disposición y escuchar con paciencia”.

Abrió su corazón con respecto a sus amarguras, cómo perdió la esperanza, heridas profundas y sueños que se desvanecieron. También habló sobre cómo maltrató a su familia, particularmente cuando bebía. Le conté sobre mi cambio personal y lo que eso significó en mi vida. Allí mismo empezó a pensar en cómo disculparse con sus seres queridos. Cuando nos despedimos – cada uno dirigiéndose a áreas opuestas de esta enorme ciudad de Río de Janeiro – me preguntó: “Y ahora ¿qué piensas de mí?” Las palabras pronunciadas veinte años atrás por el Dr. Stuart me vinieron a la memoria, y le dije: “Dios tiene un plan – y agregué – ¡para tu vida!”. Se fue pensativo, y en silencio subió a su ómnibus.

En ese momento yo no podía imaginar lo que ocurriría. El cambio en las vidas de Martorelli (hoy fallecido), su esposa Carmela y en otros choferes y sus familias, condujo a la creación de Cooperativas de Taxis. Él dio inicio a todo eso. Las muchas Cooperativas que hoy existen, beneficiando a miles de choferes, funcionan sobre la base de principios rigurosos, siendo la honradez uno de los principales. Esta iniciativa cambió literalmente “la cara de la ciudad”. Ellos se llaman orgullosamente a sí mismos “la tarjeta de presentación de Río de Janeiro”. Aprendí a través de esto que el cambio personal es muy importante, pero no será útil a menos que lo sazonemos con los siguientes elementos: “Obediencia a la voz interna, colocarse a disposición del prójimo y confianza en el plan de Dios”.
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