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Viviendo la Paz frente a la injusticia social
Jueves, Septiembre 15, 2016
Diana Damsa – Rumania

Diana Damsa

Fue a finales de octubre de 2005, cuando aterricé en Mumbai, India, muy emocionada y lista para iniciar el viaje de mi vida, como parte del programa de liderazgo de Iniciativas Cambio, Acción para la Vida. Era la primera vez que salía de Europa y estaba tan ansiosa por ver, aprender y descubrir. El mismo día, a pesar de estar bastante cansada por el viaje, quise salir y ver la ciudad. Nuestro anfitrión nos llevó a visitar los sitios más famosos de Mumbai. Mientras caminábamos por las calles noté que había muchas personas de aspecto pobre, bastante sucias y mendigando. Y pensé: "¡¡¡Estos gitanos están por todas partes!!! ¡Qué molesto!" Pregunté: "¿Quiénes son estas personas?", y mi anfitrión me dijo: "gente pobre". Me sorprendió: "¿Qué quiere decir con gente pobre? ¿No son los gitanos?" Me miró confundido y preguntó: "¿Quiénes son los gitanos?" Me quedé muy sorprendida por tal ignorancia: "¿No sabe quiénes son los gitanos?" "No", dijo, "pero estos son sólo indios muy pobres".

Me sorprendió - ¿cómo puede no saber acerca de los gitanos, y por qué estas personas se parecen a ellos: sucios, de piel oscura y mendigando. También me sentí avergonzada e incómoda por la breve conversación.

El incidente me tomó por sorpresa. ¡No podía dejar de pensar en eso! Utilicé mis siguientes Tiempos de Silencio para reflexionar. Algo no estaba bien. Pronto me di cuenta de que siempre había asociado a los gitanos con una imagen muy negativa: sucios, pobres, mendigos, poco fiables, a quienes es mejor mantener alejados. ¿De dónde me vino esta imagen? ¿Por qué tan rápidamente suponía que todas las personas de aspecto pobre y mendigando eran gitanos? Tuve que admitir que tenía prejuicios contra ese grupo y, por mucho que me hubiera gustado creer que mi opinión estaba basada en la observación pura y directa, en el fondo sabía que no estaba tomando en cuenta algunas piezas importantes. ¡Sentí vergüenza!

Mi verdadero viaje de descubrimiento apenas acababa de empezar. ¿Quién diría que tendría que estar tan lejos de casa para poder conocer verdades tan dolorosas sobre mí misma, mi cultura, nuestra historia y nuestro país!

Este viaje de descubrimiento comenzó hace 11 años y continúa...

Me gustaría compartir con ustedes algunos pasos que he dado hasta ahora en este viaje:

1er. Paso. Admitir nuestro propio perjuicio y estar dispuestos a trabajar para resolverlo. Empecé a hacer esto a través de una profunda reflexión durante mis Tiempos de Silencio. Pude ver cómo yo era el producto de mi propia sociedad en la que despreciar a los gitanos es la norma. La gente habla mal de ellos y los ponen como un mal ejemplo cuando educan a los niños. Cuando sucede algo malo – un robo, alguien destruye algo o hay violencia - la gente culpa a los gitanos. Empecé a entender el concepto de chivo expiatorio y pude ver cómo nuestra sociedad lo aplica en contra de ellos. Fue doloroso darme cuenta de que yo pertenecía al grupo que los discriminaba.

2do. Paso. Enfrenta tu ignorancia. Me di cuenta lo poco que sabía sobre este grupo que ha estado viviendo junto a nosotros ¡desde que tenemos memoria! Empecé a buscar más información y a leer todo lo que podía sobre su historia y su cultura. Me sorprendió saber que su origen está en el norte de la India y empezaron a viajar a Europa desde hace 1000 años atrás. Que había grandes similitudes entre su lengua y cultura y las culturas del norte de la India, pero que ahora son un grupo étnico distintivo de Europa. Me dolió saber sobre las dificultades que encontraron en Europa y cómo fueron víctimas del Holocausto. ¡Mi mayor sorpresa fue cuando me enteré de los 500 años de esclavitud que tuvieron que soportar en los territorios que hoy conforman mi país! ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Por qué no había escuchado antes nada sobre esto? ¿Por qué en nuestras clases de historia no nos enseñan nada al respecto?

3er. Paso. Decidir de manera consciente mostrar respeto por ellos. Decidí dejar de hablar mal de ellos y dejé de llamarlos 'gitanos'. Empecé a usar un término más dignificante y como ellos prefieren ser llamados, Pueblo Romaní o romaníes. Antes no sabía que gitano era un término despectivo y que ellos prefieren ser llamados romaníes o Pueblo Romaní, que es la forma en que se refieren a sí mismos, y que el significado de esa palabra es "ser humano".

4o. Paso. Ir a su encuentro y hacerme su amiga. Me di cuenta de que no tenía ninguna conexión directa con ningún romaní. Todo lo que sabía acerca de ellos se basaba en suposiciones y observaciones superficiales a la distancia. Busqué oportunidades para conocer a personas de esa comunidad y por supuesto, cuando empiezas a buscar oportunidades ellas aparecen en tu camino. Empecé a hacer algunos amigos. Mientras más me acercaba a ellos mayor vergüenza sentía por lo prejuiciosa que había sido. He aprendido que hay muchas personas romaníes que viven vidas muy similares a la mía, tienen una casa, un trabajo, una familia, les preocupan las mismas cosas que a mí, y esperan de la vida lo mismo que yo. Ellos son menos visibles en la sociedad, ya que están tan bien integrados que en realidad no se nota ninguna diferencia entre ellos y nosotros; pero también porque muchos de ellos, una vez integrados en la sociedad en general, no quieren que se les reconozca como gitanos, por temor a la discriminación.

5o. Paso. Compartir todo lo nuevo que he aprendido y descubierto con amigos y familiares. Esta es probablemente la cosa más difícil que uno puede hacer, ya que los más cercanos a nosotros tienden a ser más resistentes a tales desafíos. No obstante, empecé a hablar de ello con mi familia, a veces logrando ponernos de acuerdo y obteniendo algún progreso. ¡Algunos de mis amigos estaban interesados y dispuestos a comenzar este viaje de descubrimiento por sí mismos! También empecé a presentar este tema en las capacitaciones que dirijo y con los grupos con los que trabajo.

6o. Paso. Ponerse de pie y hablar por los romaníes. Me di cuenta que mi viaje de descubrimiento vale más si lo utilizo para desafiar la visión general negativa que se tiene de los romaníes, y hablar sobre las verdades dolorosas de nuestra historia y de nuestra sociedad. Quiero que la sociedad en general esté consciente de cómo nuestra ignorancia e indiferencia afecta a los demás, lo humillante que algunas de nuestras suposiciones son, cuán descalificante e injusto es nuestro sentido de superioridad. Este es un tema incómodo para muchos y se corre el riesgo de obtener reacciones bastante desagradables incluso de los amigos más cercanos o de la familia. Pero siento que debo hacerlo, por el bien del respeto propio de nosotros como nación, por el bien de la paz y la justicia. Recientemente hemos registrado una ONG en Rumania bajo el nombre de Centro de Transformación Social. Parte de nuestra misión es trabajar por el empoderamiento de las mujeres y los jóvenes romaníes, pero también sensibilizar a la sociedad en general con respecto a los prejuicios y la discriminación. Hemos organizado diálogos donde las personas romaníes y no romaníes puedan hablar de este tema. Vamos a las escuelas y hemos invitado a los jóvenes a aprender sobre la historia del Pueblo Romaní, sobre la esclavitud y las injusticias a las que han sido sometidos a lo largo del tiempo. A menudo surge la pregunta: ¿Por qué en la escuela nunca nos hablaron sobre eso en las clases de historia?

Pero también quiero confesar que a pesar de haber tomado este compromiso para parame y hablar por el Pueblo Romaní, hay momentos en los que no he podido hacerlo, me ha hecho falta valor, fuerza o inspiración.

Recientemente, yo estaba visitando a una familia que tiene un hijo pequeño. Al igual que la mayoría de los chicos de su edad está lleno de energía y es muy travieso a veces. Está descubriendo el mundo a su alrededor a su manera. Al jugar, arma tremendo alboroto y recientemente le ha dado por escupir. Los padres tienen el reto de educarlo y convertirlo en un chico agradable, ordenado y de buen comportamiento. Durante mi visita, pude ver los esfuerzos de su mamá para corregirlo, pidiéndole algunas veces que se quedara quieto, sin mucho éxito. Entonces, inesperadamente, la oí decir: "Si no dejas de escupir te regalaré a los gitanos porque sólo ellos son sucios y escupen y son tan desordenados como tú." Quedé paralizada. ¡Me quedé impactada! Sinceramente, no supe cómo reaccionar y me sentí tan desconcertada. Aquí estoy yo, trabajando para superar los prejuicios contra los romaníes y un niño muy cercano a mí está siendo criado con esta clase de perjuicios a tan temprana edad. Debo decir que esta mujer es una amorosa esposa y una madre maravillosa. Pero ella sólo repite cosas que le dijeron cuando era niña y que ha escuchado millones de veces, ¡sin siquiera cuestionar el impacto que tales palabras pueden tener! ¡Esta es la forma en que educamos a los niños! ¡Eso es lo normal para muchos de nosotros! ¡Ella no sabe algo mejor qué hacer o decir! No es consciente y no tiene ninguna intención de causar daño. En realidad ella es víctima de nuestra propia sociedad, ¡como lo fui yo hace mucho tiempo! Consciente o no, el daño está ahí, y yo fui testigo de ello. Pero fui débil y me tomó por sorpresa. No dije nada y me fui con el corazón encogido. No quería confrontarla, y menos delante del niño. Encontrar la manera correcta de ayudar a mi amiga a entender el daño que tal disciplina ocasiona, necesitará de mucha sensibilidad e inspiración. Yo no la quiero juzgar. Sólo quiero hacer mi parte para romper esa cadena de transmitir prejuicios de una generación a otra. Deseo que todos nuestros niños se conviertan en personas justas y compasivas, que sean parte de una generación consciente y dispuesta a aceptar y a asumir la responsabilidad, no sólo de los momentos buenos y dignos de nuestra historia, sino también de lo que durante mucho tiempo estuvieron escondidos en el armario. Quiero que esta generación se sienta orgullosa por haber encontrado soluciones a la injusticia social que presenciamos hoy en día en nuestro país.

Y una vez más renuevo mi compromiso de manifestarme y hablar por ellos y no desmayar sintiéndome impotente o muy desafiada.

También quiero dar las gracias a mi amiga romaní, Simona, aquí presente en esta conferencia "Viviendo la Paz", por ser parte de mi caminar, ayudándome a superar mi ignorancia y mi prejuicio. Quiero pedirle perdón por las injusticias que "su pueblo" ha sufrido en manos de "mi pueblo". Quiero reconocer que al final no somos más que "un solo pueblo".