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Una historia en pos de la paz y la sanación

Jueves, 4. Enero 2018

Rose Njeri Kamau es miembro del equipo de mujeres de Creadoras de Paz que trabajan valerosamente para conseguir la paz en Kenia. Rose compartió su propia experiencia para que otras personas pudieran aprender de ella y sanarse. Como ya lo explicó Talia Smith, en el décimo aniversario de Creadoras de Paz Kenia se homenajeará el liderazgo de mujeres como Rose y otras muchas mujeres capacitadas para extender la paz por sus comunidades.

Rose Njeri Kamau nació en 1973 en un pueblo cerca de Kiambu, la provincia Central de Kenia. Su madre fue violada y, a los 17 años, fue forzada a casarse con su violador. Cuando el padre de Rose las dejó a ambas, su madre también la abandonó. Rose se quedó con sus abuelos, mientras que su madre volvió a casarse y tuvo otros hijos, a quienes nunca les habló de ella.

Rose creció rodeada por sus abuelos, su familia extendida y gente de su aldea. La cuidó una mujer pobre y amable que padecía de una discapacidad mental. Debería haber empezado a ir a la escuela a los seis años, pero la mujer que se encargaba de ella no tenía dinero para pagar la educación de la niña y los otros miembros de la familia no podían permitírselo o no querían ayudar. La mujer fue a ver al jefe de la comunidad y le rogó que ayudara a Rose. El hombre se hizo cargo de la situación, pidió que el padrastro de la niña pagara los gastos de la escolarización de Rose y lo amenazó con llevarlo a juicio si no lo hacía.

"Pude ir a la escuela gracias a la determinación y amabilidad de esa mujer y del jefe de la comunidad."

La vida continuó con dificultades: crecer sin una madre o una familia. "Hasta el día de hoy, mis hermanos y hermanas no quieren relacionarse conmigo." La abuela de Rose falleció y ella creció en una gran pobreza; tuvo que cocinar, limpiar y encargarse de los hijos de su padrastro para poder seguir estudiando. Iba a la escuela sin libros ni comida, y su padrastro la pegaba con frecuencia. A veces incluso la echaba de casa, y Rose encontraba cobijo para dormir debajo de un árbol.

"Hubo una noche en que me caí de un árbol y me rompí el brazo."

Al acabar la educación primaria tuvo que trabajar como criada. A los trece años intentó suicidarse. Trabajó durante años en distintas casas en las cuales sufrió horribles abusos y explotaciones. Y por si eso fuera poco, nunca vio su dinero, pues su madre se quedaba con el pago.

"Solo tenía dos prendas de ropa. No poseía nada más, ni ropa interior. Nada de nada."

Un día, cuando Rose tenía 17 años, la casaron con su vecino. Era un buen hombre: le trajo ropa y, por primera vez, alguien ofreció cuidado, confort y seguridad a Rose. Era la primera vez que dormía en una cama de verdad y que comía carne. Estaba acostumbrada a dormir en una esterilla y a comer sobras de arroz y verduras. Lo que daba sentido a la boda de Rose era que obtuviera un apellido, algo que nunca antes había tenido "el derecho" de tener. Rose tenía una identidad.

"La vida era buena."

Rose tuvo a su primera hija a los dieciocho años, y su hijo nació cuando ella tenía 21. Cuando su hijo tenía solo dos meses, el marido de Rosa falleció debido a un cáncer de garganta y los problemas regresaron.

Mandaron a Rose lejos del pueblo de su familia política. Se marchó en pantuflas y con sus dos hijos todavía pequeños, y le dijeron que no volviera jamás. No tenía ni una moneda en su bolsillo, así como tampoco documento alguno. Su única opción era regresar al pueblo de su madre.

Tanto su madre como su padrastro fueron poco acogedores y hostiles con ella.  Sin embargo, la mujer que la había cuidado durante su infancia suplicó al jefe de la comunidad que ayudara a Rose, y este les proporcionó a ella y a sus hijos una casa pequeña y comida.

Rose se puso muy enferma, pero, en medio de tanto sufrimiento, también fue testigo de grandes bondades: su "tía", la amable mujer que la había cuidado una vez volvió a hacerlo y también cuidó de sus hijos; miembros de la iglesia a la que asistía su difunto marido le llevaron comida y ropa, y se hicieron cargo de la factura hospitalaria. Cuando se recuperó, se fue a vivir a la iglesia y recibió cuidados y orientación. Su tía siguió cuidando de los niños.

Ambos permanecieron a su lado mientras ella se esforzaba por buscar trabajo y mantener la esperanza. Algunos trabajos presentaban condiciones abusivas, y la despidieron más de una vez por no tener suficiente formación.

"Una vez más, sentí que quería morirme."

Entonces, en 2011, Rose conoció a una mujer de Iniciativas de Cambio (IdeC) llamada Ann Gitu Njeri. Ann le preguntó por qué estaba llorando y ella le contó su historia.

"No sé quién soy o de dónde vengo. No sé por qué Dios me hace sufrir tanto."

Ann invitó a Rose a un Círculo de Paz, una actividad del programa de Creadoras de Paz.

"La gente hablaba de cosas de las que nunca en mi vida había oído hablar, como la paz interior y el perdón."

El segundo día del Círculo de Paz, Rose durmió plácidamente por primera vez en muchos años.

En el círculo, Rose compartió su historia con las demás por primera vez y lloró durante tres horas.

"Fue como si algo se moviera en el fondo de mi corazón. Otras personas del grupo también lloraron y sentí como si estuvieran compartiendo mi dolor. Sentí un vínculo, calidez… Me sentí como si estuviera empezando a ser una persona distinta allí mismo. Fue mágico."

Rose se formó y se convirtió en una facilitadora de Creadoras de Paz. Ahora comparte su historia para que otras personas puedan aprender de ella y encontrar su propia paz.

Después de convertirse en facilitadora, conoció a su padre biológico por primera vez. También fue a visitar a su madre. Eligió perdonarlos a ambos y, finalmente, se sintió en paz. El padrastro de Rose la llamó personalmente y le pidió que le perdonara. Ella le respondió: "Eres mi única familia. Te apoyaré y te querré".

Él la bendijo y la acogió de nuevo a la familia. Hasta el momento, gozan de una fuerte relación.

"Mi vida cambió cuando descubrí Iniciativas de Cambio. Viví llorando durante 34 años, llena de odio, venganza y dolor. IdeC me ha ayudado a encontrar un camino. […] Les solía decir a mis hijos que desearía estar muerta y que fuera su padre quien siguiera vivo, pero IdeC me cambió. Ahora les digo que Dios tiene un plan para nosotros y que no importan las dificultades, porque tenemos la suerte de estar vivos."

Actualmente, Rose vive con sus dos hijos y su nieto en una habitación individual.

"La vida nos pone desafíos, pero nos las arreglamos. Estamos llenos de amor y de esperanza."

Cuando no está con Creadoras de Paz, Rose vende ropa de segunda mano y cuida de su madre y de su padrastro, puesto que están enfermos. También ellos han cambiado. Su experiencia ha creado lazos de amor y de perdón.

Rose deja un legado con su historia: su caminar compartiendo esperanza con otras mujeres.

"No importa si han talado el árbol en tu vida; ya crecerá otra rama. Animo a las personas a que miren hacia delante: mañana será otro día."

Para contribuir en la paz para el "mañana" por la que Rose está trabajando, por favor, haz una donación y ayuda a Creadoras de Paz Kenia y a la próxima celebración de su décimo aniversario. Tu donativo ayudará a hacer posible la formación de otras 200 mujeres para que aprendan a llevar un mensaje de sanación a más mujeres con experiencias parecidas en otras comunidades.

https://www.globalgiving.org/projects/empowering-women-creators-of-peace-kenya/

Si lo prefieres, puedes hacer tu donación directamente a Creadoras de Paz a través de un correo electrónico: creatorsofpeace@iofc.org

Queremos agradecer la ayuda de todos aquellos que ya han hecho un donativo.

Traducido al español por Mariona Gastó Jiménez