Iniciando el Cambio social desde el interior

Keshab Dahal

Iniciando el Cambio social desde el interior

Jueves, 21. Mayo 2020

 

por Keshab Dahal

Durante la mayor parte de mi vida, he culpado al gobierno por cómo vivimos en mi país: Nepal.

Tras estudiar en el extranjero, en Noruega, en el año 2013, empecé a culpar a los políticos más que nunca porque tenía la sensación de que si nuestros políticos no fueran egoístas, Nepal sería un país tan desarrollado como los de Europa. Después de ver la calidad de vida en los países desarrollados, me corroía el odio por las instituciones nepalís. Sin embargo, no fue hasta mucho más tarde que me di cuenta de que yo también formaba parte del problema.

En 2017 viajé a la India para participar en el Programa Caux Scholars en Asia Plateau, el Centro de Conferencias y Formación de Iniciativas de Cambio India. En un día en concreto durante un programa que duró tres semanas, un facilitador nos hizo dos preguntas. La primera pregunta fue: “Si todas las personas de tu país fueran como tú, ¿qué tipo de país sería?”. La segunda: “¿Te gustaría vivir en ese país?”.

Automáticamente, en mi mente, respondí: “Me preocupa mucho Nepal. He estudiado construcción de paz y estudios internacionales, y sé cómo funciona el mundo, cómo es. Hablaré sobre el desempleo, los jóvenes con problemas de alcoholismo que a menudo toman drogas. Soy consciente de la gran cantidad de corrupción que existe en mi país; ahí necesitamos a gente como yo…”. El facilitador interrumpió mis pensamientos cuando empezó a darnos instrucciones.

Nos pidió que dedicáramos 30 minutos a estar en silencio y reflexionar sobre esas preguntas a la luz de los valores de la pureza, la honestidad, el altruismo y el amor, y nos hizo escribir cualquier pensamiento que nos cruzara la mente durante ese tiempo de reflexión. La sala se llenó de silencio. Durante ese tiempo de silencio, descubrí una nueva forma de ver mi vida. Ahí fue cuando me di cuenta de que yo no reflejaba el país que quería, y en caso de hacerlo no me gustaría vivir en ese país. Para nada.

Después de ese día, empecé a medir mi vida a partir de aquellos cuatro valores. Al principio no fue fácil porque, de repente, todo lo que veía era aquello que no quería ver. No tardé en descubrir que no soy la persona que fingía ser. Algo dentro de mí me decía que solo podría liberarme si aceptaba la verdad. No tenía más remedio que enfrentarme a mi propio yo.

Me di cuenta de que era alguien muy egoísta. Siempre culpé a los políticos de la corrupción, pero yo soy el ladrón de mi propia casa. Recuerdo que una vez le robé dinero a mi hermana y nunca se lo conté. Tras reflexionar sobre eso, supe que tenía que pedirle disculpas. No fue fácil: tardé una semana en mandarle un mensaje. Mientras esperaba su respuesta, me llamó y me dijo: “Hermano, yo ya te había perdonado. Sabía lo que habías hecho, pero no quería pelearme contigo porque para mí nuestra relación vale más que el dinero”. Vi que yo era una persona horrible, pero me sentía más ligero en el interior. Esta misma experiencia fue la que me dio el valor de arreglar otros aspectos de mi vida.

Empecé a practicar un tiempo de silencio a diario para reflexionar sobre en qué había fallado en la vida. Encontré muchas cosas que tenía que corregir, así que intenté arreglarlas.

  • Evadí impuestos gubernamentales para ahorrar dinero y poder organizar conferencias sobre ética. Más adelante, cuando vi que me había equivocado, pagué la cantidad que debía a la oficina tributaria. Al hacerlo, me sentí parte de la solución.
  • Dependía mucho del alcohol y, cuando estaba ebrio, hacía daño a personas sin razón alguna; eso puso punto y final a la relación con mi novia y creó tensión entre mi relación con mis amigos y mi familia. Por primera vez, empecé a reflexionar seriamente sobre mi dependencia del alcohol y toda la negatividad en la que me sumía.
  • Solía disfrutar de la pornografía mientras criticaba a los jóvenes por hacer lo mismo. Al final, hacía exactamente lo mismo que ellos, así que yo también era parte del problema. Desesperado, quise cambiar. Empecé a escribir a personas a quienes había criticado y establecí conversaciones sanas con ellas.

 

Tenía pensado ir a Goa tras el Programa Caux Scholars, porque el alcohol ahí era barato, pero el Programa me inculcó un mayor sentido de responsabilidad individual hacia el mundo. Durante el 50º aniversario de Asia Plateau, tuve la suerte de poder relacionarme con miembros mayores de IdeC de todo el mundo que me inspiraron a otro nivel. Gracias a esa experiencia vi que si quería cambiar el mundo tenía que empezar por cambiarme a mí. Tras dedicar un día entero a autoanalizarme, acabé por cancelar mi viaje a Goa y me uní al Equipo de Proyección de IdeC para trabajar con ellos durante un año de forma voluntaria. Ya llevo tres años participando con ellos y hemos llegado a miles de personas de distintas culturas en India y Nepal, donde he compartido mis esfuerzos por convertirme en una mejor persona.

La experiencia de haber compartido tiempo con gente de distintas nacionalidades, culturas y religiones ha enriquecido mi perspectiva y ha hecho que sienta más curiosidad a la hora de conocer y amar a aquellas personas que son distintas a mí. Sin tanta diversidad, el mundo sería un lugar muy aburrido. También me he interesado en el reconocimiento del valor de cada persona y aquello por lo que se esfuerzan. A través de todo este proceso, he desarrollado una mejor comprensión de la cultura del cambio social. Muchas personas están siguiendo este mismo camino y siempre hay espacio para la colaboración entre la comunidad de quienes trabajamos en pro de ese cambio.

Ahora puedo decir que las experiencias de las que he hablado me han ayudado a llegar a tres conclusiones: que el cambio personal es poderoso, que ocuparnos de él es esencial, y que dedicarnos a cuidar a los demás es un honor. De modo que si alguien me volviera a hacer esas dos preguntas ahora (“Si todas las personas de tu país fueran como tú, ¿qué tipo de país sería?”, y “¿Te gustaría vivir en ese país?”), ¿cuál sería mi respuesta?

Mi respuesta sería que Nepal se está convirtiendo en un lugar mejor y que yo estoy trabajando con ilusión para que así sea.

 


Keshab Dahal

Antes de dedicar su tiempo a hacer de voluntario con IdeC India, Keshab Dahal sirvió como director ejecutivo en la Fundación Detroit2Nepal y trabajo con el Peace Research Institute Oslo (PRIO). Estudió y trabajó en el ámbito de la construcción de paz en seis países distintos; además, tiene un máster en Filosofía de la Paz y Transformación de Conflictos. Actualmente, forma parte del Equipo de Divulgación de IdeC India, que viaja por India y Nepal para poder llegar tanto a individuales como a comunidades. Es facilitador de formación sobre Ética en la Gobernanza Pública y ha trabajado como coordinador de “Iniciando el Cambio social desde el interior”, una formación para jóvenes adultos que dura ocho semanas. Además, también es miembro de la junta directiva de IdeC Nepal.

Traducción al español por Mariona Gastó Jiménez