Historias

"Llegó la época"

por Tracie Mooneyham, IdeC Internacional

Miércoles, 20. Diciembre 2017

La publicidad me anuncia que "llegó la época"

Tracie Mooneyham

Miro, medio molesta, cómo duendes y renos bailan en el otro lado de la pantalla para anunciar una promoción comercial tras otra. Si esta es la época de dar, entonces, ¡dadme un descanso! No quiero oír ni una nota más de villancicos o pasarme otro sábado parada en el medio del tráfico porque todo el mundo ha salido de compras. El inofensivo pingüino hinchable que ha colocado mi vecino incluso me hace sentir aires de violencia. “Llegó la época”, oigo por todas partes, como si esto justificara el estrés y las jaquecas que ya son sinónimos de esta época del año.

A estas alturas del año, la mayoría de las personas están intentando reunirse con la familia y los amigos, sin tener en cuenta ni su religión ni sus costumbres. La mayoría de las oficinas cierran en Navidad y el día de Año Nuevo. Insistimos en tomarnos unos días de vacaciones y relajarnos junto con nuestros seres más queridos. Incluso cuando yo trabajaba en la venta al por menor, era una de las dos fechas en que las tiendas cerraban por completo. Todos esperaban con ansias esa oportunidad para descansar, para parar un momento nuestras vidas desenfrenadas mientras ponían fin a otro año más. Esta es la época del año en que debemos reflexionar sobre nuestras relaciones y compartir en la calidez de aquellos a quienes más queremos y tenemos cerca.

Sin embargo, nos desvivimos por conseguir las mejores ofertas en viajes o ese regalo perfecto para tía Matilda, o para asegurarnos de que tenemos todos los ingredientes necesarios para preparar un guiso de judías verdes al estilo americano, y nos olvidamos de la esencia de las fiestas. Damos literalmente por supuesto que nuestras fiestas navideñas deben ser y deben hacernos sentir de determinada manera. Tiene que haber luces y un árbol y regalos, ¡y licor de huevo! Si no cantas “Alegría al mundo” el 1 de diciembre, eres como el avaro de Scrooge. Se supone que estas fiestas son para dar, y eso no debería significar dar en cuanto a lo superficial y material. Hemos creados unas expectativas tan irresponsables y poco realistas en nuestra relación con esta época de fiestas que ahora estamos condenados a estresarnos durante el que debería ser “¡el periodo más maravilloso del año!”.

Llegué a esta conclusión durante una fiesta navideña a la que acudí hace poco y que organizaron mis buenos amigos de IdeC EE.UU. Con toda honestidad, no estaba segura de poder reunir toda la alegría navideña que necesitaba para poder llegar al final de la fiesta. Mientras iba llegando a la casa donde se hacía la celebración, en seguida me saludaron y dieron la bienvenida; era como si solo hubieran pasado algunos días desde la última vez que vi a esos amigos, en lugar de meses. El tiempo pasó rápido aquella tarde, acompañado de rica comida y bonitas conversaciones, y no sentí que el estrés se apoderara de mí en ningún momento. Sí, había un adorable árbol decorado con luces, pero, por la atención que le prestaron todos, podría haberse tratado de un cactus. Nadie prestaba atención a las guirnaldas o a los lazos, porque ¡estábamos más interesados en saber cómo estábamos unos y otros! Hubo un momento en que me aparté y simplemente observé a mis amigos: los veía disfrutar en compañía de todos y sentirse agradecidos por aquellas extrañas aunque valiosas relaciones que nacieron cuando me uní a IdeC.

Aquel momento está presente en mi mente mientras pienso en la verdadera razón de por qué esta época es tan importante. Esta es la temporada del amor, de la paz y de la gratitud por los amigos y la familia, estén cerca o lejos. Nuestra relación con cada uno determina, en gran medida, cómo abordamos el año que está por llegar. ¿Elegimos quedarnos atrapados en las diferencias a nivel superficial, o buscamos más en el fondo de nuestros corazones y elegimos ver la luz que emana desde el interior de cada persona? Ahora, cuando oigo “¡Llegó la época!”, elijo sonreír y pensar en aquellas personas a quienes quiero y que han enriquecido mi vida todavía más. Esta es la época de poner la mirada más allá del papel de envoltorio y estar agradecidos por la “presencia” que hay dentro.

Tracie Mooneyham dedicó la primera parte de su carrera profesional en el mundo empresarial, trabajando para distintos establecimientos minoristas a la vez que iba a clases en el Randolph-Macon College. Actualmente trabaja para una fundación familiar como gerente del programa y de subvenciones. Cuando no se encarga del mundo digital de las subvenciones, disfruta trabajando como voluntaria con Iniciativas de Cambio Internacional, la Asociación Americana de Mujeres Universitarias, y la Comunidad Interreligiosa de Greater Richmond. Le gusta dedicar su tiempo libre al kayak, la jardinería y a subir fotos en Instagram.

NOTA: Personas de muchas culturas, nacionalidades, religiones y creencias están involucradas activamente en Iniciativas de Cambio. Estos comentarios representan las opiniones del autor y no necesariamente las de Iniciativas de Cambio en su conjunto.

Traducido al español por Mariona Gastó Jiménez