Pioneros de la Senda Sanadora para Refugiados

Pioneros de la Senda Sanadora para Refugiados

Jueves, 6. Noviembre 2008

De Nagaland a Melbourne. De enfrentarse con tigres en la selva a ceremonias aborígenes, en la Senda Sanadora para Refugiados. Mike Lowe habla con Visier y Pari Sanyü.

Visier y Pari Sanyü (Foto: Mike Lowe)

Alto y digno, Visier Sanyü recién regresa de una semana en Tasmania, estado al sur de Australia, donde ha estado hablando en iglesias, escuelas y conferencias de sacerdotes católicos, sobre los refugiados. Es la tercera vez que su trabajo con el Concejo Victoriano de Iglesias lo ha llevado a desempeñar el papel de oficial de educación y apoyo para los refugiados y desplazados. Cualquier duda sobre su eficacia se disipa cuando un ministro de la iglesia le dice "Utilizo tu material todo el tiempo". Al ministro le agrada en particular la predicción que Visier hace de que en 20 o 30 años los equipos de baloncesto australianos poseerán gran número de sudaneses – última ola de emigrantes a Australia – porque son muy altos y atléticos. En este país tan obsesionado por el deporte, cosas como esta cuentan.

Visier vino por primera vez a Australia en 1996, con su esposa Pari y sus tres niños, como académico visitante desde la dividida y violenta Nagaland, en el noreste de India. Tres meses después, quien había tomado su puesto como decano de la facultad fue asesinado. A un amigo cercano le dispararon en su casa y murió. Temiendo por su propia seguridad, se sintieron obligados a aplicar para permanecer en Australia. Fue en los quietos suburbios de Melbourne donde el trauma por lo que habían vivido les golpeó. "Por siete años tuve pesadillas", dice. Saca una foto de los hijos de su hermano mayor – dos hijas y cinco hijos. Solo uno de ellos está vivo. Pari comenta, "toda la población está traumatizada, pero lo reprimen. El abuso del alcohol y las drogas es parte de eso. Muchos sobrinos han muerto por eso. Para mí ellos también son víctimas del conflicto".

Cuando tenía entre seis y nueve años de edad, Visier pasó tres años en la selva, junto a miles de otros desplazados. "Pasamos hambre, vivíamos bajo los árboles, comíamos serpientes y monos." Recuerda una vez cuando apareció un tigre y su padre cubrió sus caras y les pidió quedarse quietos. El tigre se fue. En Nagaland, cuando la gente cuenta cosas como esta todos ríen, pero cuando él contó esta historia recientemente a un audiencia australiana, rompió en llanto al revivir la experiencia.

Refugiados Chin en la Senda Sanadora para Refugiados Estas lágrimas son parte del proceso de sanación. Visier es pionero de la "Senda Sanadora para Refugiados", que toma a los refugiados que han llegado recientemente a las comunidades rurales de Victoria. Luego de una noche de representaciones musicales y de danzas de sus países de origen y de compartir sus historias, son llevados a casas de familia. Se hacen amigos – cosa que les ayuda a reasentarse. Lo sorprendente es que las familias anfitrionas también encuentran sanación. Uno de ellos, un profesor, dijo "Ahora veo que mis problemas son tan pequeños en comparación con los de ellos".

El reasentamiento es siempre a lo último que recurren los que trabajan con refugiados. "Si les preguntas, el 99% prefiere regresar a casa." Las iglesias y otras agencias reconocen que es mejor atacar las raíces del problema, hablamos de diplomacia y prevención de conflictos.

Pari lo hace a través de su trabajo con el programa de IdeC Creadoras de Paz, y particularmente a través de los círculos de paz para mujeres, los cuales ella facilita. "Recuerdo cómo en el tiempo del atentado a las torres gemelas me di cuenta de lo aislada que estaba la comunidad musulmana. Una mujer musulmana me contó sobre el abuso racial que sufrió mientras la conducían al hospital para dar a luz. Decidí iniciar un círculo de paz en Melbourne." En pocas semanas los talleres para mujeres quedaron establecidos. "Compartimos muy profundamente sobre temas como el duelo, la pérdida y el conflicto. Oportunidades de trabajar en grupos tan diversos son raras. Compartiendo nuestras historias y escuchando en lo profundo de nosotras mismas, somos capaces de crear una nueva historia." Un aspecto importante de los círculos es la diplomacia preventiva: "crear amistad y confianza lo suficientemente profundas que cuando surjan problemas estas puedan mantenerse."

¿Qué extrañan de Nagaland? A la familia y amigos, naturalmente, pero también el profundo sentido de conexión entre la gente, muy fuerte en su cultura. Para Pari esto se expresa particularmente en los rituales de duelo. "Cuando alguien muere, aunque sea a media noche, no se escatima ningún esfuerzo para informar de una vez a los amigos, parientes y vecinos. Así como el cristianismo nos une a Dios a través del sufrimiento de Cristo, el sufrimiento es lo que nos permite ensanchar el corazón a través de la compasión. Los rituales del duelo facilitan un sentido de comunidad y relación, algo que no se ve aquí."

Los Naga, como los aborígenes australianos, son un pueblo indígena. En 1993, el Año Internacional de los Pueblos Indígenas, Visier habló en nombre de la delegación asiática ante la ONU. También es cofundador y presidente honorario de la Fundación Mundial para la Protección de las Culturas Indígenas. Por eso es muy natural para ellos recibir en su hogar a un anciano aborigen en una ceremonia tradicional. También poseen una carta de invitación de la tía Joy Murphy, anciana del pueblo Wurundjeri, propietarios tradicionales de la tierra donde viven los Sanyü, para "permanecer en Australia el tiempo que deseen". "Esto da un sentido de legitimidad a nuestra estancia aquí, un real sentido de bienvenida y pertenencia."

"Hablamos mucho sobre reconciliación entre aborígenes y australianos blancos, pero es algo necesario en varios niveles", dice Pari. "Cada emigrante debe entender lo que sucedió antes." Sobre esto habla en la Senda Sanadora para Refugiados. "Dondequiera que encuentro aborígenes, quedo sorprendida de su apertura y hospitalidad", dice. "Es algo que me conmueve hasta el llanto."

Pari es asistente social y coordinadora de voluntarios en Camcare, que sirven a familias marginadas, en su mayoría blancas. "Se piensa que multiculturalismo son "anglos" blancos ayudando a personas de piel morena. Pero lo que yo hago es trabajo multicultural", dice.

Cuando los Sanyü se mudaron a su casa actual, fueron acogidos por Barbara, vecina amigable que les llevó comida y les ayudó a descargar. Luego, en su primera noche, alguien lanzó un ladrillo por su ventana rechazándolos por su raza. "¿Qué Australia escojo?", pregunta Visier, "¿A Barbara o a quien lanzó el ladrillo? Elegimos ambos, ya que ambos son parte de la realidad."