Me niego a convertirnos en monstruos

Me niego a convertirnos en monstruos

Martes, 4. Mayo 2010

Wadiaa Khoury (Foto: Rob Lancaster)¿Podrían las 18 diferentes comunidades del Líbano encontrar una historia común para enseñar a las generaciones futuras? Joven educadora piensa que sí. Entrevista por Carole Khakula,compilado por Mike Brown.

Fue durante la visita a Robben Island, donde Nelson Mandela estuvo preso 18 años, que Wadiaa Khoury fue confrontada por sus reacciones como libanesa. Estaba en Sudáfrica como parte del equipo que acompaña a Rajmohan Gandhi, Presidente de IdeC Internacional, en una gira por 14 naciones. Al reflexionar después sobre el comentario sarcástico que hizo al guía - que resultó ser un ex-prisionero – se sintió muy incómoda.

Recordó cuando dos años atrás, una delegación iraquí en Beirut mostró una película sobre los atentados terroristas en Bagdad, la cual haría llorar al corazón más duro. Pero la reacción de algunos de sus amigos libaneses fue: "Ahora ya saben lo que pasamos durante nuestra guerra, cuando en 1975-1990 sus conciencias estaban de vacaciones... así que ¿por qué solidarizamos con ellos ahora?"

"¿Es la acumulación de dolor sin sanar que nos hace tener este corazón de piedra?, se preguntó. Años de conflictos, coronados por la guerra de julio 2006 en Líbano, han endurecido mis sentimientos. Necesito enfrentar esta verdad y hacer un viaje de sanación interior, tanto por mí bien como el de los que están igualmente contaminados."

De hecho, durante los últimos ocho años, Wadiaa, de 30 años, se ha comprometido a sanar su país devastado por la guerra. Trabaja como Coordinadora de Servicio Comunitario en la Facultad Internacional de Beirut, coordinando un programa de educación cívica para superar las divisiones religiosas y comunales para 600 estudiantes. Por eso – desde su origen católico conservador en un tranquilo valle agrícola - decidí estudiar en un campus musulmán. Y estudiar Derecho, porque la ley del Líbano - que protege los derechos de cada una de las 18 religiones para tener sus propias instituciones, leyes de patrimonio, matrimonio y divorcio - es en sí misma es divisiva.

El año pasado, se unió a dos talleres donde editaron dos libros sobre la historia de las religiones en el Medio Oriente y el Líbano. "Nuestra ambición es ayudar a reescribir la historia de Líbano, establecer un currículo común para enseñar historia y civismo."

Ese compromiso fue sembrado hace ocho años en India. Su madre fue parte de un diálogo cristiano-musulmán, a cargo de IdeC. Participaron ex dirigentes de las milicias de los 15 años de guerra civil. Sintiendo que debía entender más allá de su limitado círculo cristiano, Wadiaa aplicó para el programa "Acción para la Vida" en Asia. "Fue el momento más importante que he tenido para verme a mí misma desde una tercera dimensión".

Para empezar, los cambios eran personales y no muy fáciles. Se dio cuenta de que muchas de sus relaciones reflejaban su falta de una relación significativa con su padre. "Mi padre es recto y honesto, un gran hombre en verdad, pero no podemos conectarnos bien pues tiene serios problemas de audición. Además, no viene de una familia emocionalmente expresiva." Después de dos meses, escribió a su padre diciéndole por primera vez lo mucho que lo amaba y reconociendo su paciencia ante su frustrante problema de audición.

Esto fue "un despertar" en las relaciones con toda la familia. Pero también con los estudiantes musulmanes que conoció en la universidad. "Había experimentado la misma frustración con ellos como con mi padre: no podía comunicar mis sentimientos y hacerme entender. Era como hablar con la pared. Sin embargo, cuando rompí la barrera con mi padre, fue más fácil romperla con los musulmanes."

Resolvió utilizar su carrera para crear una historia diferente para el Líbano, por lo que rechazó una tentadora oferta para estudiar en Francia, y estudió Derecho en el campus de la Universidad Libanesa de Beirut. Siendo una de los tres cristianos entre 1,300 estudiantes musulmanes, descubrió "la nueva fuerza que escribir esa carta (a mi padre) me había dado. Durante cuatro años he aprendido sobre el pensamiento musulmán, entendido sus prejuicios y los míos."

Señaló que el perjuicio era transmitido a los estudiantes incluso por algunos de los profesores. "Los inocentes alumnos en su primer año son corrompidos lentamente, convirtiéndose en fanáticos." Sin embargo, en su pequeño grupo de amigos había una "sed de verdad. Nos hicimos preguntas muy profundas, tuvimos muchas conversaciones honestas incluso durante los momentos más difíciles, como después del asesinato del Primer Ministro Hariri en 2005, y la guerra de 2006 en el Líbano."

Wadiaa Khoury en SudáfricaCuando la guerra terminó, fue con ellos a ver los edificios alrededor de su universidad en Beirut destruidos por las bombas israelíes. Pero el trauma más abrasador fue la muerte de un amigo de Zahle, su ciudad natal. Michael Jbaily, como parte del equipo de la Cruz Roja de Zahle, acompañaba a un convoy de coches que huían de los combates entre fuerzas israelíes y de Hezbolá. Si bien el éxodo había sido negociado con Israel y los funcionarios de la ONU, este fue atacado en el camino por aviones no tripulados MK israelíes. Corriendo para rescatar a un hombre gravemente herido, Jbaily fue asesinado por otro misil MK.

Durante dos meses Wadiaa no pudo llorar: ni al ver su cuerpo, ni en su funeral. A pesar de que rezaba: "Por favor ayúdame porque me estoy torturando", la furia llegaba hasta sus huesos. En el primer aniversario de su muerte, escribió: "No importa lo enojada que esté, mis seres queridos no volverán y los lugares destruidos no se construirán por sí mismos". "Lo peor sería terminar de destruir lo que le hizo falta a Israel." Como un psicólogo libanés dijo: "La verdadera batalla reside en negarnos a convertirnos nosotros mismos en monstruos". Meses más tarde, después de luchar consigo misma en oración durante la noche, a la mañana siguiente se encontró inesperadamente con el hermano de Michael, se quebró y lloró durante horas. Entendió su muerte como un sacrificio para que tres días después su paz resucitara.

En Sudáfrica reflexionó sobre sus experiencias. "En mi región, tomar partido es casi una obligación, tu religión casi te impone una afiliación política. Pero en Sudáfrica, tal vez por primera vez, me resulta absolutamente imposible tomar partido. Hay muchas comunidades igualmente grandes y heridas en todos lados. No puedo dejar de ver el tremendo efecto que las distintas comunidades han causado unas a otras. ¿Cómo puedo ayudar a las personas en Sudáfrica a valorar su diversidad, mucho más que al oro de sus tierras?"

"Tal vez todo eso me ha servido para recordar la riqueza que tenemos en Líbano gracias a la coexistencia entre cristianos y musulmanes: desde el mantenimiento tanto de la libertad de expresión como de la vida espiritual, en cada comunidad y en el país en general."

"Rezo por que la gente de buena voluntad, que son la inmensa mayoría del Líbano, vean su trabajo florecer. Ha habido un tremendo trabajo de diálogo y reconciliación, nuestro grupo de IdeC ha sido parte de ello. Rezo para que nuestro trabajo prevalezca para la estabilidad de nuestro país, y que esto sea suficiente para que los libaneses prohíban que la condición del Medio Oriente se imponga sobre el Líbano. A pesar de que somos un país pequeño y enfrentamos las repercusiones de lo que sucede a nuestro alrededor, si somos lo suficientemente fieles, podemos ser una antorcha en esta oscura región."