"Yo hago la paz"

"Yo hago la paz"

Jueves, 14. Julio 2011

Cuando su casa fue incendiada y sus familiares asesinados a causa de la violencia étnica en Kenia, Joseph Wainaina quería venganza. Ahora "hace la paz" recorriendo el país y fomentando la confianza. Él habla con Mike Brown.

Joseph Wainaina (Foto: Alan Channer)Aún hay dolor. Cuando 13 de nosotros viajábamos apretados en un matatu (taxi-van) hacia Eldoret, Joseph Wainaina señaló los árboles en el horizonte. "Ese es el lugar donde nací... Yo tengo dos madres." Su madre biológica era kikuyu como su padre, la segunda, quien lo crió desde los seis años, era kalenjin. "Eso fue lo que me salvó. No me mataron porque podía hablar su idioma", dice, describiendo los ataques en 1992, cuando su casa fue quemada y sus tierras tomadas en un conflicto tribal. Esto ocurre cada cinco años, añade con tristeza... con cada elección. "Estábamos en la iglesia esa mañana de domingo. Podíamos oír los gritos así que huimos. No podíamos volver. "No sabíamos a dónde íbamos – a donde el camión nos llevara."

Cinco minutos más por la carretera tiene un recuerdo aún más fresco. "Ese es el lugar donde murió mi tía", dice señalando el casco de un edificio al lado de la carretera. Durante los enfrentamientos posteriores a las elecciones tribales en el año 2007, los disturbios arrasaron esta zona. "Ella trató de huir, pero la empujaron dentro de la casa en llamas." Sus dos hijos son cuidados por un familiar que logró huir. Pone su cabeza en sus manos por un momento, y llora en silencio.

"Esto somos nosotros", dice. "¿Qué es lo que nos hemos hecho el uno al otro?" En esta ciudad, el epicentro del conflicto étnico, los kikuyu tomaron muchas de las propiedades dejadas por los británicos, que originalmente pertenecieron a los kalenjin. "Tenemos que trabajar juntos para reconstruir nuestras comunidades."

Con sangre kikuyu, kalenjin y maasai en sus venas, Wainaina ha atravesado zonas rurales de Kenia en bicicleta, moto y matatu, construyendo confianza. Todavía lo hace, con representantes de las diversas tribus de Kenia. Utilizan el documental, Una Respuesta Africana, producida por FLTfilms, de IdeC, que presenta el trabajo de dos nigerianos construyendo confianza, el imán Muhammad Ashafa y el pastor James Wuye, en el Valle del Rift después de la violencia en 2007.

Pero su intención después del ataque en 1992 era radicalmente diferente: quería venganza. Inicialmente, era sólo supervivencia. Con su esposa, su madre y seis hijos pequeños, fue llevado a Ndaragwa, a un campamento de desplazados internos. Después de dos semanas, un hombre lo encontró llorando de desesperación y hambre, se compadeció de él y lo llevó junto a su familia a un café y "nos dio tan buena comida que mis hijos se enfermaron". Aconsejó a Wainaina que buscara trabajo. Al día siguiente Wainaina se estableció. Un anciano, confundiéndolo con un residente local, le pidió ayuda para colocar una cerca. Después de varias horas de duro trabajo, cuando el anciano descubrió su situación, fue a buscar a la familia en su tractor y les ofreció una pequeña cabaña y una pequeña parcela en su finca.

Sin embargo, la gratitud no curó su sed de venganza. Trabajando como guardia en el Departamento de Medio Ambiente, él y otros entrenaban en secreto a 300 jóvenes kikuyu en la selva para vengarse. Necesitaban dinero para comprar armas. A través de un sobrino, Joseph Karanja, conoció al coronel Alan Knight, un colono muy respetado quien había ofrecido una disculpa pública en la pre-independencia de Kenia por la "arrogancia y el egoísmo con que los blancos han vivido en su país". Wainaina pensó que de él podría adquirir algunos fondos. Pero Knight cuestionó su historia. "No pude ocultar mi amargura. Lo vio en mi rostro." Después de hablar durante horas, Knight preguntó a Wainaina si era cristiano. Con la afirmación apasionada de Wainaina, Knight le pidió que orara el Padre Nuestro en swahili. Cuando llegaron a "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos..." Knight golpeó la mesa. Sin terminar la oración le preguntó: "¿Puedes decirme honestamente si has perdonado?"

Dejó a Wainaina con la pregunta. "No pude resistir. Estaba mintiendo a mi Creador", recuerda Wainaina. Después de una noche de insomnio, temprano a la mañana siguiente, le dijo llorando a Knight que quería regresar a Eldoret para disculparse por su odio ante sus vecinos Kalenjin. Knight le pagó el boleto y lo dejó en la estación de autobuses.

Al llegar a Eldoret, Wainaina se dirigió directamente a sus vecinos Kalenjin. Fue difícil. Vio su tierra, recordó su casa, las vacas y las ovejas que había perdido. Pero había venido a pedir perdón y lo hizo, admitiendo sus preparativos para la venganza. "Algunos no estaban contentos, otros no me creyeron, pocos me pidieron perdón." Pero cuando llegó con los jóvenes que se estaban entrenando para luchar, la mayoría se pusieron furiosos y lo vieron como un traidor. "Todavía hoy algunos están amargados por eso."

Joseph Wainaina (Foto: Dmitriy  Pritulenko)Recientemente Wainaina fue presentado en el noticiero Citizen TV por su trabajo con voluntarios por la paz en esa misma área fuera de Eldoret, reconstruyendo las casas destruidas en 2007. Pero hasta acá ha sido un viaje largo.

En 1995, se sintió impulsado a dejar su trabajo y dedicarse a ayudar a otros que, como él, habían sufrido, y a los perpetradores. Su historia fue compartida en iglesias y comenzó a viajar por las zonas rurales de Kenia. En su modesta granja cerca de Ndaragwa, nos muestra un pequeño televisor, un reproductor de video y una batería de auto que lleva en la parte trasera de su bicicleta –muestra las películas de IdeC llevando el mensaje de un cambio de corazón y en las relaciones. Con el tiempo ha añadido videos sobre el VIH/SIDA porque ha encontrado muchos enfermos. "Es curioso cómo me encuentro con la gente", dice sonriendo. "Debe ser obra de Dios. A veces, en un matatu la gente me pregunta qué hago y yo les digo, "hago la paz"."

Pero de nuevo en 2007, el ciclo de violencia estalló. Wainaina y su esposa Anne, se vieron desbordados por 39 familiares y otros que llegaron a su pequeña casa en busca de refugio. Dos familiares habían sido asesinados, una niña violada. "Soy un ser humano", recuerda. "Sentí el doble de ira." No había tiempo para nada, debíamos darles refugio. Era una locura. Algunos amigos recaudaron dinero para mantas. En esa turbulenta noche, una vez más "la voz interior de Dios me habló: "Joseph, estás escarbando viejas heridas. Recuerda que tu propia madre, tu hermano y su familia fueron protegidos por amigos kalenjin"."

Y así comenzó su trabajo de nuevo. Llevó a cabo un "retiro" para 210 personas "sólo sobre reconciliación". Reuniones similares fueron organizadas en otros lugares. La película Una Respuesta Africana siempre es una herramienta poderosa, la cual utiliza con sus colegas de IdeC en Kenia y con muchos otros grupos. En enero, la película se proyectó en Burnt Forest, donde fue rodada - mostrando a los líderes de las comunidades kalenjin y kikiyu en un taller, que dio como resultado la formación de un comité de paz.

En otra ocasión, introduciendo el documental, Wainaina contó que reunió a sus hijos y nietos con su esposa a ver la película. "Después, les pedí a mis seis hijos, ahora todos mayores de 18 años, que escribieran lo que sentían que puede haber hecho mal como padre. También dijimos las cosas buenas el uno del otro, las cuales no nos habíamos dicho antes."

Un mensaje tan básico sobre el cambio y el perdón puede parecer insuficiente frente a las tensiones étnicas de Kenia y las luchas políticas que las detonan. Pero hay esperanza, con los muchos kenianos como Wainaina que "hacen la paz".