Historias

Práctica, práctica, la práctica hace al maestro: ¿Qué podemos aprender del espíritu olímpico?

Viernes, 10. Agosto 2012
Author: 

Michael SmithEl espíritu competitivo olímpico en su mayor parte, saca lo mejor y no lo peor de la naturaleza humana, escribe Mike Smith, de Londres.

El margen entre el éxito y el fracaso, entre el oro, la plata, el bronce y ninguna medalla en absoluto, ya sea en atletismo, natación, ciclismo o incluso en el tenis, es tan estrecho que a menudo no es más que por milímetros o milésimas de segundos. Un milímetro o dos, una centésima de segundo puede marcar la diferencia en los niveles superiores de los deportes olímpicos.

No es de extrañar que Rudyard Kipling nos instara a tratar a estos dos impostores del triunfo y el desastre de la misma manera: el margen de error entre el éxito y el fracaso es muy estrecha. Por supuesto, ganar es importante. Es importante para el orgullo nacional y el extraordinario, casi sobrehumano, esfuerzo individual y de equipo. Pero para el resto de nosotros los mortales, la sola idea de ser un atleta olímpico está mucho más allá de nuestros sueños más salvajes que puedan albergar todos los competidores con un cierto grado de temor. Los más grandes han ganado su lugar en la historia.

Dicen que se necesitan 20,000 horas de práctica en cualquier disciplina para lograr un verdadero talento y tener éxito. Sobre la base de unas de ocho horas al día, y para algunos es mucho más, esto se traduce en 2,500 días, o seis años y 310 días, los siete días de la semana. Muchos de los atletas olímpicos entrenan diariamente durante cuatro años entre cada Olimpiada. Para unos pocos afortunados este esfuerzo vale la pena. Cuatro años de duro esfuerzo se reduce a unas pocas horas, unos minutos o unos segundos de excelencia competitiva. No debemos ser demasiado duros con aquellos que no logran medallas. Y ellos tampoco deben ser demasiado duros con ellos mismos. Para muchos atletas olímpicos, el simple hecho de la satisfacción de haber competido es suficiente.

Se nos recuerda de esos viejos adagios: sin dolor, no hay ganancia; sin cruz, no hay corona; la arena en la ostra hace la perla; práctica, práctica, práctica: la práctica hace al maestro. Y algunas de las actuaciones Olímpicas han sido lo más cercano a la perfección como todo esfuerzo humano es capaz de alcanzar.

Así que saludamos con admiración y asombro a los grandes atletas olímpicos de 2012, destacando sólo algunos de ellas: Usain 'el Relámpago' Bolt, el hombre más rápido en la historia; Michael Phelps, el atleta olímpico más grande de natación y el mayor ganador de la medallas de todos los tiempos, cuyo total de 20 de oro y dos de plata es probable que nunca sea superado; Ben Ainslie, el regatista más exitoso en la historia olímpica con cuatro medallas de oro consecutivas; Jessica Ennis, campeona de heptatlón y la reina del atletismo británico, y, de Ennis nos pasamos al tenis , el triunfo de Andy Murray sobre su rival del Grand Slam, Roger Federer, para quien ganar el oro fue el mejor partido de su carrera, así como los grandes corredores de larga distancia de África Oriental y competidores en muchas otras disciplinas.

Hay otro oro que los Juegos de Londres 2012 ganaron: el de las apuestas de los medios. Estos pusieron fuera de los más altos podios los puntos conflictivos del mundo, de Siria y Afganistán a la banca corrupta, al menos por un tiempo. No es que estas áreas no sean importantes. Por supuesto que lo son. Pero gracias a Dios que no siempre debemos vivir bajo la dieta del dolor. Si tan sólo en estos lugares pudieran aprender algo del espíritu olímpico: que competir contra su rival no significa tener que matarlo.

El espíritu olímpico competitivo en su mayor parte, saca lo mejor y no lo peor de la naturaleza humana: cortesía en la victoria y en la derrota, reconocimiento y valoración de los logros de los demás, trabajo en equipo, rigurosa rutina y autodisciplina.

¿Así que qué es lo que le sigue a la cima del logro? ¿Qué sucede con los deportistas cuando son demasiado viejos para competir? ¿Continuarán "inspirando a una generación" con el lema olímpico? ¿Será que, así como sus entrenadores, formarán y desarrollarán a la próxima generación? Muchos de ellos lo harán. Juan el Bautista dijo de Aquel que vendría detrás de él: "Él deberá crecer y yo disminuir." Muchos atletas olímpicos grandes, como en todos los deportes, experimentarán lo mismo en la prestación de un servicio desinteresado a las próximas generaciones.

Lo mismo se aplica a todos nosotros cuando llegamos a cierta edad: tenemos que dejar ir, para dar paso a la siguiente generación, para animar, persuadir e inspirar a cosas más grandes todavía; vivir, como los entrenadores deportivos, para hacer de la otra persona alguien grande, y no nosotros mismos. Aquí hay una lección para todos nosotros sobre una manera de vivir desinteresadamente. Como Macauley escribió: "Una de las marcas de la verdadera grandeza es la capacidad de desarrollar la grandeza en los demás".

Así que gracias, a todos y cada uno de los atletas olímpicos, por traer alegría y, lo admito, ocasionales lágrimas, a nuestras vidas. Los apreciamos a todos.

Michael Smith es coordinador de los programas empresariales y miembro de la Junta Administrativa de Iniciativas de Cambio Reino Unido.

NOTA: Individuos de muchas culturas, nacionalidades, religiones y credos están involucrados activamente con Iniciativas de Cambio. Estos comentarios representan las opiniones del autor y no necesariamente aquellos de Iniciativas de Cambio en su conjunto.